«El publicano no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo» (Lc 18,13)
El fariseo decía: «Yo no soy como los demás». ¿Quiénes son estos “demás” sino todos excepto él? «Yo soy justo, los demás son pecadores; no soy como los demás, ladrones, injustos, adúlteros». Fíjense que la presencia de un publicano a su lado le ofrece la ocasión de enorgullecerse más todavía. «Yo, yo soy un hombre distinto; él es como los demás. Yo no soy de su especie; gracias a mis obras de justicia no soy un pecador. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo». ¿Qué es lo que le pide a Dios? Busquen en sus palabras, y encontrarán que no pide nada. Subió al templo, digamos que para orar; pero no pide nada a Dios, sólo se alaba. E incluso es demasiado poco para él el no pedir nada a Dios sino alabarse que, por añadidura, insulta al que ora a su lado: ¡es el colmo!
El publicano «en cambio, se quedó atrás», y, sin embargó se acercó a Dios; lo que se reprochaba en su corazón parecían alejarlo, pero su amor lo acercó a Dios. Este publicano se mantuvo a distancia, pero el Señor se acercó a él para escucharlo. «El Señor es sublime, se fija en el humilde», mientras que «de lejos conoce al soberbio», como el fariseo (Sl 137,6). A todo el que se enorgullece, el Señor lo mira desde lejos, pero no lo ignora.
Por el contrario, fíjense en la humildad del publicano. No sólo se mantiene a distancia, sino que ni se atreve a levantar los ojos al cielo. No se atreve a levantar los ojos y buscar una mirada. No se atreve a mirar a lo alto. Pues su conciencia le humilla, pero la esperanza lo levanta. Escuchen más: «Se golpeaba el pecho». Por sí mismo cree que merece un castigo; por eso Dios perdona la culpa a este hombre que confiesa su falta. «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador»: ¡miren a alguien que ora! ¿De qué extrañarnos que Dios ignore sus faltas puesto que él mismo las reconoce? Se hace su propio juez y Dios defiende su causa. «En verdad les digo» – quien habla es la Verdad, es Dios, es el juez- «este publicano bajó a su casa justificado, y aquél no». Dinos, Señor, ¿por qué? «El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
San Agustín

0 comments on “Se alaba a sí mismo, no a Dios”