Monasterio del Cristo Orante P. Diego de Jesús P. Oscar Portillo

Sobre la “inocencia” del p. Diego Roqué Moreno y el p. Oscar Portillo

«El escándalo de pocos es el resultado de la mediocridad de muchos» (P. Amedeo Cencini)

En las últimas semanas accedimos a la demanda civil que existe contra los sacerdotes Diego Roqué Moreno (Diego de Jesús), Oscar Portillo, la Fraternidad Monástica del Cristo Orante y el Arzobispado de Mendoza, la cual, como la mayoría de los expedientes judiciales, es de público acceso.

Leyendo el expediente hemos podido comprobar el motivo por el cual, en dos instancias judiciales hasta ahora, fueron absueltos del delito de abuso sexual. Si bien en la justicia civil hay hechos que pueden considerarse que no son delito, no ocurre lo mismo en la Iglesia, y éste es uno de esos casos, si consideramos que las sentencias judiciales en el ámbito civil fueron justas.

Los jueces consideraron que hubo un consentimiento entre ambas personas en el caso de Roqué, al decir: «…En síntesis y en relación a los abusos sexuales que tienen como autor a Roqué, entiendo entre las partes ha habido una relación sentimental. Que ambos estaban de acuerdo. Y este acuerdo lleva implícito un consentimiento y que este consentimiento no es compatible con el abuso...». «…En relación al señor Diego Roqué, la conducta es atípica por haberse demostrado fehacientemente que éste mantenía una relación sentimental consensuada con el denunciante de autos N. El asentimiento elimina el abuso y sin abuso no hay delito…».

Respecto a Oscar Portillo, los jueces han dicho:

«…Del simple cotejo se descarta la violencia y las amenazas, igualmente el abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia o de autoridad…».

«…En ningún momento el denunciante refiere haber sido golpeado por los imputados». «…En ningún momento manifiesta haber rechazado físicamente a los atacantes…».

Básicamente, los jueces penales consideraron que hubo consentimiento en las relaciones sexuales en el caso de Diego Roqué por existir una relación sentimental según las cartas que intercambiaban, y en el caso de Oscar Portillo porque no hubo violencia y no manifestó haberlo rechazado.

Desde ya los argumentos vertidos por los jueces son absolutamente cuestionables, teniendo en cuenta diferencia de edad entre el denunciante y los acusados, la manipulación sufrida, la diferencia de poder entre las partes y la aberración que implica que un superior consintiera estos hechos en un ámbito religioso e incluso que culparan a la víctima, una absoluta bajeza humana. Todo esto no resiste el más mínimo análisis, sin contar que siempre la excusa fue denigrar a la víctima —e incluso a testigos—, tildarlo de “loco”, aludir a su historia familiar para menospreciarlo y una cantidad de barbaridades irreproducibles. Realmente resulta tan aberrante la pretendida defensa como los hechos ocurridos y la opinión de los jueces, pero añade aún más hipocresía la actitud de los acusados que salieron a gritar a los cuatro vientos que los declararon inocentes —y al día de hoy siguen haciéndolo—. Una vez más, como si nada hubiera pasado y haciéndose las víctimas, propio de personalidades perversas que jamás reconocen su culpa y se pasan la vida culpando a los demás de sus acciones o denigrándolos para intentar justificarse o descalificarlos.

La manipulación de la gente es tal, que hasta se dan ese lujo, y desde ya no comunicando la pena canónica que considera a Diego Roqué Moreno culpable del delito que se desprende de la obligación de castidad para los clérigos. ¿Hace falta explicarle a un católico cuál es la obligación de castidad para los curas? ¿Hace falta explicar que la pena es el resultado de la denuncia por abuso sexual del aspirante (varón) y no de otro hecho?

Volviendo en el tiempo, en el año 2015 la víctima ya había hecho una denuncia ante el fallecido Arzobispo de Mendoza, Monseñor Franzini, en la cual le manifestó que el Prior (Oscar Portillo) «ha tenido para con él actitudes inapropiadas en materia sexual». En dicha ocasión Mons. Franzini se reunió con el sacerdote y redactó un documento de dicha reunión en el que alude: «En relación a N. asume que fue un error dejarlo ingresar tan joven. Reconoce haber tenido conductas inapropiadas en lo afectivo sexual que ha querido “blanquear” con la comunidad y N. siempre se opuso. Le recuerdo que al ser él el superior tiene la mayor responsabilidad y queda “marcada” la relación para siempre. Dice de haber hablado del tema con P. Diego. Se explayó sobre las actitudes algo tercas y manipuladoras de N. por lo que él ha insistido en conocerlo mejor y en demorar algunas de sus demandas. Por todo esto considero conveniente que N. no regrese a la comunidad ya que la relación con el Prior está definitivamente dañada».

Hubo intercambios de emails entre el Arzobispo y el Prior, en los que Mons. Franzini dice: «2. Tu humilde reconocimiento de los errores en la conducción, como la inapropiada conducta respecto de N., debe ser oportunidad para una sincera conversión.
3. En lo que hace a la relación con N. creo necesario insistirte en que, más allá de su propia problemática, indudablemente tu responsabilidad como superior y formador es mayor y supone una seria y manifiesta voluntad de cambio. Vos sabés hasta qué punto estas situaciones han hecho y hacen sufrir a la Iglesia
».

Resulta increíble que el Prior supuestamente acatara un pedido de un aspirante a no contar los hechos, que le eche la culpa a él de sus actitudes y aberraciones, que se “explayara sobre las actitudes” de la víctima y aún es más escandaloso que el Arzobispo en ese momento no haya formalizado una denuncia y un proceso canónico como correspondía.

Luego de estos encuentros, Mons. Franzini amonestó a Oscar Portillo, enviándolo a tomarse un tiempo fuera de la comunidad (un retiro espiritual de un mes en San Luis) y quitándole el rol de Prior. Lamentablemente no resulta llamativo luego de tantos escándalos en la Iglesia, pero no por eso deja de ser inaceptable y no puede ser normalizado.

Luego en 2018, por algún extraño motivo, aunque la víctima denunció a ambos sacerdotes, sólo investigaron a Roqué. Portillo volvió a zafar. Y resulta tan escandaloso todo que en la causa canónica en la que se investigó a Roqué, dio testimonio otro ex aspirante llamado Martín (no revelamos su apellido para proteger su identidad) que padeció situaciones similares —o quizás peores— que la víctima mucho antes de todo esto, cuando los “monjes” se habían instalado en Pehuajó y luego en Luján de Cuyo, antes de instalarse en Tupungato, hace más de 30 años. Martín también era menor de edad cuando ingresó y según él mismo relató al Tribunal Interdiocesano Bonaerense, fueron los años más horribles de su vida. Sin embargo, a la jerarquía de la Iglesia no le importó.

¿Hasta cuándo la Iglesia puede avalar estas aberraciones? ¿Hasta cuándo se va a encubrir a los abusadores sexuales? ¿Hasta cuándo se van a callar y ocultar la verdad? ¿Van a esperar que haya más víctimas a las que se les arruine la vocación y la vida para siempre?

Cuando lo sagrado se pervierte, se vuelve una calamidad.

«Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»

Lc 18, 8

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