Editorial

«Oh Señor, te alabo, te glorifico, por haberme creado»

Hoy leí una oración de santa Bernardita que me inspiró a agradecer a Dios en las vísperas de mis 36 años en este mundo por todas aquellas cosas que me han hecho sufrir.

Doy gracias a Dios especialmente en este día por haber marcado mi alma desde que llegué al mundo, por el abandono de mis padres biológicos, por el desgarro que eso aún hoy produce en mi alma, gracias, Señor.

Gracias, Señor, por los padres que me adoptaron, por mi padre que espero esté contigo en el cielo, por mi madre enferma, por su maltrato, por las constantes ofensas, porque siempre encuentra y remarca mis defectos, por las humillaciones, por los malos tratos de mi hermano… gracias, Señor.

Gracias, Señor, porque me has dado una familia que me aceptó como hija, que me crió y me cuidó a lo largo de mi vida, porque allí aprendí tanto sobre el amor incondicional como sobre el odio, allí conocí el amor y la división del enemigo, allí comprendí lo que es amar sin medida y que el amor supera todo… gracias, Señor.

Gracias, Señor, por haber llamado a tu presencia a los seres que más amaba en este mundo, porque sigo aprendiendo a desprenderme de todo…. gracias, Señor.

Te doy gracias, Señor, por este corazón sensible y delicado que me has dado, porque me has colmado de amargura…

Por las continuas humillaciones que viví en mi infancia, en la familia, en el colegio por parte de mis compañeros… aquella vez que me escupieron sin motivo… por mi timidez, mi encierro y mi silencio…. gracias, Señor.

Por las varias traiciones que viví por parte de mis amigas, por las burlas y los chismes sobre mi vida y mi familia, porque siempre me sentí incomprendida y sola, te doy gracias, Señor.

Gracias, Señor, porque fallé en mis planes tantas veces, porque mi trabajo y mi carrera laboral se derrumbó, porque me han acusado injustamente, porque me han difamado y me han dejado sola… gracias, Señor.

Gracias, Señor, por los ataques de pánico, por la ansiedad y la angustia, porque para este mundo no valgo nada, porque no he encontrado ningún rumbo según este mundo… gracias, Señor.

Gracias, Señor, por el continuo cansancio, por tantas enfermedades, por no encajar en este mundo, por la tristeza y las lágrimas, por el desierto de mi interior, por las noches oscuras, por tu presencia y tus ausencias, por María… te doy gracias, Jesús.

+ Carolina de Jesús

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