La Santí­sima Virgen es la Reina del cielo y de la tierra pero es más madre que reina (Santa Teresa de Lisieux)

Sí, a pesar de mi pequeñez quisiera iluminar a las almas como profetas y los doctores

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San Simeón el Nuevo Teólogo

«Vieron milagros y no se convirtieron» (cf. Mt 11,20)

Unknown's avatar
by CdJ
17.07.18

Hermanos y padres: hay muchos que dicen: «Si hubiéramos vivido en los días de los apóstoles y, como ellos, se nos hubiera hecho dignos de contemplar a Cristo, también nosotros habríamos sido santos como ellos». Pero esos tales no saben que el es aquel que, entonces como ahora, habla en todo el mundo. Tal vez alguien diga: «No es lo mismo haberlo visto entonces en cuerpo y oír ahora sólo sus palabras y recibir una enseñanza sobre él y sobre su Reino». También yo digo que no es en absoluto lo mismo ahora y entonces, pero añado que el estado actual es mucho mejor y nos conduce con más facilidad a una fe y a una certeza mayores. En efecto, entonces aparecía como un hombre de nada; frecuentaba a publicanos y pecadores y comía con ellos, y también la gente más sencilla decía de él con desprecio: «¿Acaso no es éste el hijo de María y de José, el carpintero?».

En aquel cuerpo humano en el que Dios se daba a ver enteramente como hombre, exento de cualquier cualidad de más respecto a los otros hombres, sometido a la necesidad de comer, beber, dormir, sudando, cansándose y, excepto en el pecado, realizando todas las acciones humanas, en aquel cuerpo no era cosa de poca monta reconocerle así y creerle Dios, el Dios que ha hecho el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos. De modo que quien le escucha ahora proclamar cada día, mediante los santos evangelios, la voluntad de su Padre y no le obedece con temor y temblor, tampoco entonces habría aceptado creer de ninguna manera.

Y también es de temer que, en medio de una incredulidad total, habrían blasfemado de él como antidios antes que considerarle como el Dios verdadero. Dichoso, en cambio, el que escucha las santas palabras y no se limita a gemir retrasándolo día a día y dejando discurrir inútilmente el tiempo de su vida, sino que, en cuanto ha oído al Señor, de inmediato empieza a obrar. Éste obtendrá misericordia, como siervo obediente y agradecido; se volverá desde ahora artífice probado de todas las virtudes y será colmado en el siglo futuro con todas las delicias de los bienes inefables de Dios: ojalá podamos todos nosotros obtenerlos por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

San Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis n. 29, 435-437 y 44s

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Oración de san Francisco de Asís

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

«María es toda la razón de mi esperanza» (San Bernardo)

† A.M.D.G.

¡Alabado sea Jesucristo!

«La Humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Misericordia» (Diario de Sor Faustina, 300)

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Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre. Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús. Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre. Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea María Santísima, excelsa Madre de Dios.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción. Bendito sea el nombre de Maria Virgen y Madre.
Bendita sea María Santísima, Madre de la Iglesia.
Bendito sea su castísimo esposo San José.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.
Amén.

CUM PETRO ET SUB PETRO

«Ubi Petrus ibi ecclesia, et ibi ecclesia vita eterna.»

V. Oremus pro Pontifice nostro Leo XIV.
R. Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius.

Pater Noster, Ave Maria, Gloria

V. Fiat manus tua super virum dexteræ tuæ.
R. Et super filium tuum quia confirmasti tibi.

Oremus.
Deus, omnium fidelium pastor et rector, famulum tuum Leo XIV, et quem pastorem Ecclesiæ tuæ præesse voluisti, propitius respice: da ei, quæsumus, verbo et exemplo quibus præest, proficere; ut ad vitam una cum grege sibi credito sempiternam.
Per Christum Dominum nostrum.

R. Amen.

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