En una ocasión en que Dom Columba Marmion, Abad de Maredsous, Bélgica, tuvo una audiencia privada extensa con San Pío X (en la que ambos se entendieron con gran connaturalidad espiritual, como ocurre con los santos), al terminar, Dom Columba pidió al Santo Padre que por favor le diera unas palabras para su vida espiritual. Dom Columba, ya en los últimos años de su vida, vivía tiempos de dura prueba en lo interior y en lo exterior. El Papa sacó un papel y le escribió esto:
In cunctis rerum angustiis, hoc cogita: «Dominus est». Et Deus erit tibi adjutor fortis.
En todos los asuntos angustiosos, piensa esto: «Es el Señor». Y Dios será tu poderoso auxilio.
Estas palabras fueron para don Columba, desde entonces y hasta el fin de su vida, una fuente permanente de paz y fortaleza espiritual. En ellas vio un llamado a ver al Señor en todo, como la verdadera Causa operante detrás del complejo entramado de causas segundas que tejen nuestra vida. Y esto es ver la verdad, con la certeza que nos da la fe.
En una ocasión en que Dom Columba Marmion, Abad de Maredsous, Bélgica, tuvo una audiencia privada extensa con San Pío X (en la que ambos se entendieron con gran connaturalidad espiritual, como ocurre con los santos), al terminar, Dom Columba pidió al Santo Padre que por favor le diera unas palabras para su vida espiritual. Dom Columba, ya en los últimos años de su vida, vivía tiempos de dura prueba en lo interior y en lo exterior. El Papa sacó un papel y le escribió esto:
In cunctis rerum angustiis, hoc cogita: «Dominus est». Et Deus erit tibi adjutor fortis.
En todos los asuntos angustiosos, piensa esto: «Es el Señor». Y Dios será tu poderoso auxilio.
Estas palabras fueron para don Columba, desde entonces y hasta el fin de su vida, una fuente permanente de paz y fortaleza espiritual. En ellas vio un llamado a ver al Señor en todo, como la verdadera Causa operante detrás del complejo entramado de causas segundas que tejen nuestra vida. Y esto es ver la verdad, con la certeza que nos da la fe.
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