Cuando toman lo que es tuyo, dalo, pues el amor divino no puede rehusar nada; pero el que no ha conocido el amor no puede ser misericordioso, porque la alegría del Espíritu Santo no está en su alma.
Si, en virtud de sus sufrimientos, el Señor nos ha dado en la tierra el Espíritu Santo de parte del Padre, nos ha dado su Cuerpo y su Sangre, está claro que nos dará el resto que necesitamos. Abandonémonos a la voluntad de Dios; veremos entonces la providencia divina, y el Señor nos dará incluso lo que no esperamos. Pero el que no se abandona a la voluntad de Dios, no podrá ver jamás la providencia divina en nosotros.
No nos aflijamos por la pérdida de nuestros bienes, no merece la pena. Fue mi propio padre quien me enseñó esto. Cuando sucedía una desgracia en casa, él permanecía en calma. Un día nuestra casa ardió y la gente decía: «Ivan Ivanovitch, este incendio te ha arruinado». Pero él contestaba: «Con la ayuda de Dios, me reharé». Otro día, mientras medíamos nuestro campo, le dije: «Fíjate, padre, nos han robado espigas de trigo», y él me respondió: «¡Y qué, hijo mío! El Señor ha hecho brotar el trigo para nosotros; tenemos bastante. Y si alguien roba, es que tiene necesidad de comer». A veces yo le decía: «Das demasiadas limosnas; allí abajo viven mejor que nosotros y dan menos». Pero él me respondía: «Pues bien, el Señor nos dará lo que necesitemos». Y el Señor no defraudó su esperanza.
Archimandrita Sophrony, Escritos de san Silouan el Athónita, Cap. 7

0 comments on “Cuando toman lo que es tuyo, dalo”