
Si nos tocara en suerte vivir tiempos de zozobra y de confusión; si tuviéramos que atravesar épocas oscuras; si alguno de nosotros llegara al extremo de ver la abominación de la desolación en el lugar santo; si algo de esto ocurriera, pedimos que nuestras lámparas estén rebosantes del óleo de los sacramentos, con el que se alimentan la llama de la fe y de la esperanza y el fuego de la caridad; y que no apaguemos esa llama con nuestros resoplidos de queja, indignación y desconcierto. Antes bien, que seamos luz y calor para los demás, siempre con la cabeza levantada, siempre alegres, sabiendo que nuestra liberación no tarda.
(Revista Bueyes Perdidos)
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