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Olivier Clément Pascua

Muerte, Vida

Todo avance va acompañado de una especie de muerte. En cada momento de nuestro destino, la muerte se halla presente no solo como una destrucción, sino también como una «ruptura de nivel». Sí, hay momentos en los que parece que no puedes continuar, pero entonces, a menudo, llega la dulzura distante de una convalecencia. Se ha superado la etapa, se abre una puerta. Momentos humildemente iniciáticos, momentos humildes de Pascua, se podría decir.

Si consideramos a cada persona como alguien que va a morir, todo momento compartido con ella sería importante. (…)

Si nos hace falta considerar a los vivos como moribundos, al mismo tiempo tal vez necesitemos aprender a pensar en los muertos como vivos. Cristo ha resucitado, y todos los que han muerto en él están vivos. La eucaristía es el lugar de nuestro encuentro. Allí es donde los muertos, que no están muertos, se comunican con nosotros. (…)

Y el abismo que se abre ante nosotros no es el de la nada, sino el del Reino de los cielos: «Con su muerte, Cristo ha vencido la muerte», la ha vencido en su humanidad, y continúa venciéndola en la nuestra, porque es la misma.

Así pues, ¡que los cristianos no tengan ningún miedo de dar testimonio del gran horizonte que el Evangelio despliega con la resurrección! (…)

Los cristianos deben tener el coraje de proclamar, de vivir (de morir y de vivir) la resurrección de Cristo, el cuerpo eclesial de Cristo, en su profundidad, como un lugar de no-muerte, el Cristo que «baja» a la muerte para transformarla en Pascua. Dios, herido con todas nuestras heridas, se encarna para asumir nuestra finitud y hacerla estallar en la Vida, en su misma vida, donde se invierte el sentido de la muerte. (…)

Olivier Clément, La alegría de la resurrección.

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