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Juan Taulero

Es una cosa arriesgada y peligrosa que un hombre juzgue a otro

Es una cosa arriesgada y peligrosa que un hombre juzgue a otro; cada uno debe estar atento a abstenerse de este pecado. Porque el que es la Verdad dijo: «Con la medida con la que midáis, seréis medidos». Si eres muy misericordioso, encontrarás gran misericordia; si lo eres poco, encontrarás allí poco; si no tienes misericordia, tampoco la encontrarás allí para ti. Debemos probar y ejercer esta misericordia interiormente, en su voluntad profunda, de tal modo que sientas una compasión profunda y sincera por tu prójimo, siempre que lo veas sufrir, y que le pidas a Dios de todo corazón que le consuele.

Si puedes socorrerlo exteriormente, con algún consejo o algún donativo, con palabras o con obras, lo harás en la medida de lo posible. Si no puedes hacer mucho, haz sin embargo algo, sea una obra de misericordia interior o exterior: dile por lo menos, una buena palabra. De este modo, cumples con lo que le debes, y encontrarás a un Dios misericordioso.

«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36)

Juan Taulero
Sermón 1º para el IV domingo después de la Trinidad

Cuando uno levanta el dedo acusando a otro, hay tres dedos que lo señalan a uno.

dedo acusador
Como le dije a una persona hace unos días: «Si te midieras a vos mismo/a con la misma vara que medís a los demás, serías Gardel».

No busquemos ocupar el lugar del único Juez, Nuestro Señor Jesucristo… No intentemos ser como Dios… tenemos la derrota asegurada y el camino al abismo también.

Pretender la perfección en este mundo es algo diabólico… es inhumano. Hay que tener mucho cuidado de no pasarse de la raya de la humanidad…

Eso es lo que hizo el acusador… recordemos bien su nombre. Nadie está exento… Mucho menos yo.

«No juzguen y no serán juzgados;
no condenen y no serán condenados;
perdonen y serán perdonados» (Lc 6, 37)

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