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Amedeo Cencini Silencio

El silencio

«El diálogo más logrado es aquel en que se guarda silencio». Una afirmación a primera vista paradójica, pero que nos revela con absoluta claridad e inmediatez el carácter funcional —¿podemos decirlo así?— del silencio, su humildad y funcionalidad, pero también su ambigüedad fundamental, no siempre perceptible.

El silencio no es mutismo, ni ausencia de palabra o de comunicación. No es mutismo, porque ello supondría el final de la comunicación y de la fraternidad. En cambio, es «la condición por la que (o en la que) consigo escuchar de verdad a alguien»; gracias al silencio puedo escucharme a mí mismo (lo que es más raro de lo que parece), a los demás (siempre que sea capaz de no cubrir su realidad con mis palabras o pensamientos) y a Dios (cuando estoy realmente ante Él y ante su misterio).

Es decir, el silencio es por su propia naturaleza relacional, entabla relaciones no sólo con los demás sino también con uno mismo (es reflexivo). El silencio es, finalmente, premisa indispensable para una auténtica vida de comunidad. El silencio es, pues,… comunitario.

CENCINI, Amedeo, Vida en comunidad, reto y maravilla. La vida fraterna y la nueva evangelización. Colección Edelweiss. Madrid 1998.

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