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San Bruno de Segni

No hay diferencia entre ver y oír, si crees

«Creed lo que os digo: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí» (Jn 14,11)

«Yo soy el camino». ¿Por qué? Porque «nadie va al Padre sino es por mí». «Yo soy la verdad». ¿Cómo es esto? Porque nadie conoce al Padre, si no por mí: «nadie conoce al Padre, si no el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mt 11,27)… «Yo soy la vida», porque nadie tiene la vida, si no por mí. «Si me conocéis, conoceréis también a mi Padre. Desde ahora lo conocéis y lo habéis visto».

Jesús nos dice: «¿Queréis venir al Padre? ¿Queréis conocerlo? Conocedme primero, a mí al que veis, y así conoceréis después al que todavía no veis. Ya lo habéis visto, pero no a él mismo; lo habéis visto en mí. Lo habéis visto, pero en espíritu y por la fe. Es él quien habla en mí, porque no hablo de mí mismo. Cuando me escucháis, lo véis; porque, cuando se trata de realidades espirituales, no hay diferencia entre ver y oír: el que oye, ve lo que oye. Así, véis al Padre cuando lo escucháis hablar en mí. Y desde ahora lo conocéis, porque permanece en vosotros, y porque está en vosotros».

Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre; y nos basta». Felipe deseaba ver al Padre no sólo en espíritu, por los ojos de la fe, sino también con sus ojos de carne. Moisés, también, había dicho: «Si he encontrado gracia a tus ojos, muéstrame tu rostro para que te conozca». Y el Señor respondió: «Nadie puede verme y quedar con vida» (Ex 33,18-20). Aquí Jesús le dice a Felipe: «¡Tanto tiempo que estoy con vosotros, y no me conoces!, Felipe, el que me ha visto a mí, ha visto al Padre». Felipe hablaba de la visión de los sentidos; Cristo lo llama a la visión interior, lo invita a acogerlo con los ojos del alma. «Hace tanto tiempo que estoy con vosotros; hace tanto tiempo que vivo con vosotros; hace tanto tiempo que os he revelado mi divinidad y mi potencia por mis palabras, por los signos y los milagros, y ¿no me conocéis? Felipe, el que me ve, no con sus ojos de carne, como tú crees, sino con los ojos de su corazón, como yo te lo digo, ése ve al Padre».

San Bruno de Segni
PL 165, 562

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