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Mons. Fulton J. Sheen

¡Qué bueno es el Señor! ¡Gustad y ved!

Las Escrituras dicen: “Qué bueno es el Señor! ¡Gustad y ved!” No atribuyas la creencia en el Dios verdadero a la emoción o al sentimiento. La experiencia de Dios es real y puede ser intentada. Si fuera una ilusión, no hubiera inspirado el sacrificio, la pureza moral, la humildad y el conocimiento sublime que ha inspirado a lo largo de veinte siglos. “Gustad y ved”.

Pero no se puede “gustar a Dios” en tanto el ego ocupe el lugar principal en nuestro corazón y rechace todo aquello que no sea él. Muchas personas van así por el mundo, burlando todo aquello que amenace a su egregio orgullo. No han vivido ni amado nunca. Es verdad que se aman a sí mismos, pero no hay ninguna alegría en abrazar el propio yo. Lo que estas personas llaman “enamorarse” es sólo una proyección de su propio ego sobre alguien más; su goce no es el tú de la otra persona, sino su propio ego, en ese tú. Se casan, no para amar, sino para ser amados; no están jamás enamorados de la otra persona, sino de una prolongación nerviosa. Y tan pronto como la otra persona cesa de consentir y alabarlos, la abandonan y contraen matrimonio nuevamente. Quienes nunca han amado se hallan en el plano del ego y tienen todo por delante para aprender. El yo conoce la realidad del amor humano y abnegado. Pero debe conocer, aún, la sublime realidad de amar a Dios.

Fulton J. Sheen, Eleva tu corazón. Buenos Aires: Lumen, 2003

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