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Mons. Fulton J. Sheen

Mundo espiritual

El poder del hombre de generar ideas muestra que el mundo espiritual ya le es familiar, el infinito está ya implicado en ideas tales como la caridad, la esperanza, la belleza y el bien. Nadie vio jamás la caridad, pesó la esperanza o definió el color de la belleza, ni describió la latitud o longitud del bien. Por ser espirituales, estos valores nos atraen, más allá de cualquier realización concreta de su significado en obras de caridad o de una perspectiva esperanzada, una bella rosa o un buen hombre. Para pensar en estas ideas abstractas, el hombre debe moverse por encima del mundo de los sentidos, y esto significa que su mente debe estar abierta, capaz de mirar arriba hacia el cielo, mientras aún goza de las bellezas de la tierra. Porque el hombre se ve llamado por el infinito y, sin embargo, como no puede hallarlo aquí, se frustra, algo que no ocurre con los animales, ya que carecen de este impulso hacia el infinito. Un elefante siempre será un elefante, una prímula debe ser siempre una prímula, pero el hombre posee el potencial de volverse algo que no es; si se niega a intentar poner a prueba esa extraña capacidad, hiere su mente y su corazón. Cuando las plantas y los animales cesan de desarrollar su naturaleza, se pudren; también el hombre, si se niega a desarrollarse más allá de su naturaleza, se vuelve menos de lo que era anteriormente. El hombre que no se vuelve sobrenatural se volverá antinatural; el que se niegue a ser más que humano, descenderá a lo infrahumano. En lugar de tender hacia la Vida perfecta, la Verdad y el Amor, que es Dios y es su felicidad, puede buscar un dios sustituto a través de más y más placeres, más y más dinero, más y más obstinación. Puesto que el hombre jamás podrá satisfacer plenamente sus ambiciones, emociones, deseos y esperanzas, puede buscar en forma equivocada una compensación a su vacío, acumulando más y más de lo mismo, en una sucesión infinita y cansadora. Si una esposa no satisface el ansia de infinito de su esposo, éste puede engañarse y creer que cinco esposas lograrán lo que no pudo la primera. Puede creer que aunque cinco mil dólares no lo harían feliz, cinco millones sí lo lograrían. Finalmente, este buscador verá que lo único que ha añadido son puros ceros, una mera cantidad que no hace del remedio equivocado uno verdadero. Si una pizca de agua salada no nos satisface, un barril de ella tampoco lo hará. El hombre no puede engañar a su deseo de trascendencia, perdiéndose en una infinidad de fruslerías. El hijo pródigo tenía razón en estar hambriento, puesto que ésa es la naturaleza del hombre. Estaba equivocado al vivir de sobras.

Sheen, Fulton J. Eleva tu corazón. Buenos Aires: Lumen, 2003

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