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Poesías Santo Abandono

PN 52 – El abandono es el fruto delicioso del amor

J.M.J.T.

31 de mayo de 1897

Fecha: 31 de mayo de 1897. — Compuesta para: sor Teresa de San Agustín, a petición suya.

En la tierra hay un árbol
prodigioso, ¡oh, misterio!:
sus raíces se encuentran,
profundas, en los cielos…

Jamás bajo su sombra
se pueden sufrir males;
seguro se reposa,
sin miedo a tempestades.

«Amor» se denomina
ese árbol inefable,
y el «abandono» es
su fruto deleitable.

Tal fruto en esta vida
me da la bienandanza,
a mi alma regocija
su divina fragancia.

Cuando toco este fruto,
me parece un tesoro;
y, gustado en la boca,
resulta aún más sabroso.

Él me abre en este mundo
un océano de paz,
y en esta paz profunda
es siempre mi vagar…

Me lanza al abandono
a tus brazos, Jesús;
sólo él me hace vivir
allá en tu cielo azul.

A ti yo me abandono,
oh, mi Esposo divino;
y ya sólo ambiciono
tu mirar peregrino.

Durmiéndome en tu pecho,
te quiero sonreír;
y que «¡Te amo, Señor!»
por siempre repetir.

Como la margarita
de cáliz amarillo,
yo, humilde florecita,
siempre hacia el sol me inclino.

Oh, mi admirable Rey,
y de mi vida Sol,
es tu divina hostia
pequeña como yo…

De su celeste llama
el rayo luminoso
hace nacer en mi alma
el perfecto abandono.

Todas las criaturas
pueden abandonarme,
yo intentaré sin quejas
junto a ti resignarme.

Si tú me abandonases,
sin tus dulces caricias,
mi divino Tesoro,
aún te sonreiría.

En paz quiero esperar
tu vuelta, mi Señor,
sin suspender jamás
mis cánticos de amor.

Nada, nada me inquieta,
nada puede turbarme;
más alto que la alondra
mi alma sabe elevarse.

Más allá de las nubes
siempre es azul el cielo,
y se tocan las playas
donde Dios tiene el Reino.

Yo espero en paz la gloria
de la eterna Mansión,
¡pues tengo en el sagrario
el Fruto del amor!

Santa Teresa del Niño Jesús

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