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San Juan Crisóstomo

Excelencia de la caridad

«En esto conocerán todos que sois discípulos míos» (Jn 13,35)

Un mandato nuevo os doy. Siendo verosímil que ellos, tras de oír esas cosas, se perturbarán, como si fueran a quedar del todo abandonados, los consuela y los fortifica para su seguridad con lo que es la raíz de todos los bienes, o sea la caridad. Como si les dijera: ¿Os doléis de que yo me vaya? Pues si os amáis los unos a los otros, seréis más fuertes aún. Pero ¿por qué no se lo dijo con esas palabras? Porque lo hizo diciéndoles otra cosa, que era con mucho más útil. En esto conocerán que sois mis discípulos. Les significa que su grupo jamás se disolvería, una vez que les había dado la contraseña para conocerse. Y lo dijo cuando ya el traidor se había apartado de ellos. ¿Por qué llama nuevo este mandamiento? Pues ya estaba en el Antiguo Testamento. Lo hizo nuevo por el modo cerno lo ordenó. Puesto que lo propuso diciendo: Tal como Yo os he amado. Yo no he pagado vuestra deuda por méritos anteriores que vosotros tuvierais, les dice; sino que Yo fui el que comenzó. Pues bien, del mismo modo conviene que vosotros hagáis beneficios a vuestros amigos, sin que ellos tengan deuda alguna con vosotros. Haciendo a un lado los milagros que obrarían, les pone como distintivo la caridad.

¿Por qué motivo? Porque ella es ante todo indicio y argumento de los santos, ya que ella constituye la señal de toda santidad. Por ella, sobre todo, alcanzamos la salvación. Como si les dijera: en ella consiste ser mi discípulo. Por ella os alabarán todos, cuando vean que imitáis mi caridad. Pero ¿acaso no son los milagros los que sobre todo distinguen al discípulo? De ningún modo: Muchos me dirán: ¡Señor! ¿acaso no en tu nombre echamos los demonios? Y cuando los discípulos se alegraban de que hasta los demonios los obedecían, les dijo: No os gocéis de que los demonios se os sujetan, sino de que vuestros nombres están escritos en el cielo. Fue la caridad la que atrajo al orbe, pues los milagros ya antes se daban. Aunque sin éstos tampoco aquélla hubiera podido subsistir.

La caridad los hizo desde luego buenos y virtuosos y que tuvieran un solo corazón y una sola alma. Si hubiera habido disensiones entre ellos mismos, todo se habría arruinado. Y no dijo esto Jesús únicamente para ellos sino para todos los que después habían de creer. Y aun ahora nada escandaliza tanto a los infieles como la falta de caridad. Dirás que también nos arguyen porque ya no hay milagros. Pero no ponen en eso tanta fuerza. ¿En qué manifestaron su caridad los apóstoles? ¿No ves a Pedro y Juan que nunca se separan y cómo suben al templo? ¿No ves qué actitud observa Pablo para con ellos? ¿Y todavía dudas? Dotados estuvieron de otras virtudes, pero mucho más lo estuvieron de la que es madre de todos los bienes. Ella germina en toda alma virtuosa enseguida; pero en donde hay perversidad, al punto se marchita: Cuando abunde la maldad, se resfriará la caridad de muchos.

Ciertamente a los gentiles no los mueven tanto los milagros como la vida virtuosa. Y nada hace tan virtuosa la vida como la caridad. A los que hacen milagros con frecuencia se les tiene como engañadores; en cambio, nunca pueden reprender una vida virtuosa.

San Juan Crisóstomo
Hom. LXXII

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