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María del Rosario de San Nicolás

Examinaos y no dudéis, entregaos en cuerpo y alma al Señor

Examinaos y no dudéis, entregaos en cuerpo y alma al Señor, en estos días en que Cristo Jesús insiste en vuestra conversión. A los sabios y poderosos, a los que creéis tenerlo todo os digo: No tenéis lo esencial, no tenéis amor a vuestro prójimo ni tenéis amor al Señor, que es el tesoro más valioso que todo hombre pueda desear, pocos son los elegidos por El. Recapacitad y volcaos a Cristo, amadlo y obtendréis la salvación.
Amén. Amén.

Leed: Romanos C. 14, V. 22 y 23 y C. 15, V. 1 al 13

15/03/1984

 

«Guarda para ti, delante de Dios, tu propia convicción. Feliz quién elige sin sentirse culpable; pero quien come dudando es culpable, porque no obra de acuerdo con lo que cree. Y todo lo que no hacemos de acuerdo con lo que creemos, es pecado» (Rom 14, 22-23).

«Nosotros, los fuertes, tenemos que cargar con las flaquezas de los débiles y no buscar nuestra satisfacción. Que cada uno trate de agradar al prójimo para el bien y la edificación común. Porque tampoco Cristo buscó su propia satisfacción, sino que, como está escrito: cayeron sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
Lo que entonces se escribió fue para nuestra instrucción, para que por la paciencia y el consuelo de la Escritura tengamos esperanza.
El Dios de la paciencia y el consuelo les conceda tener los unos para con los otros los sentimientos de Cristo Jesús, de modo que, con un solo corazón y una sola voz, glorifiquen a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Por tanto, acójanse unos a otros, como Cristo los acogió para gloria de Dios.
Quiero decir que Cristo se hizo servidor de los circuncisos para confirmar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas de los patriarcas; mientras que los paganos glorifican a Dios por su misericordia, como está escrito: Te confesaré ante los paganos y cantaré en tu honor.
Y en otro lugar: Pueblos extranjeros, alégrense junto con su pueblo. Y de nuevo: Alaben al Señor todas las gentes, que todos los pueblos lo glorifiquen. Isaías, por su parte, dice: Aparecerá el brote de Jesé, se levantará a gobernar las naciones: y todos los pueblos pondrán en él su esperanza.
El Dios de la paz los llene de gozo y paz en la fe, para que, por la fuerza del Espíritu Santo, desborden de esperanza» (Rom 15, 1-13).

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