You dont have javascript enabled! Please download Google Chrome!
Advertisements
San Francisco de Sales Santo Evangelio

«Señor, si quieres, puedes sanarme»

† Evangelio según San Mateo 8,1-4.

Cuando bajaba del monte le seguía una gran multitud. Un leproso se le acercó, se postró ante él y le dijo:

—Señor, si quieres, puedes sanarme.

Él extendió la mano y le tocó diciendo:

—Lo quiero, queda sano.

Y en ese instante se sanó de la lepra.

Jesús le dijo:

—No se lo digas a nadie; ve a presentarte al sacerdote y, para que les conste, lleva la ofrenda establecida por Moisés.

 

Francisco de Sales

Conversaciones Espirituales: Él puede

«Y acercándose un leproso se postró ante Él diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme… Jesús dijo: quiero, queda limpio» (Mt 8, 2-3)
VI, 154

Ya os he dicho que la festividad de la Purificación no tiene octava.

Debemos tener dos resoluciones igualmente importantes. Una, el ver crecer nuestras malas hierbas en nuestro jardín; y la otra, tener el valor de verlas arrancar o incluso, de arrancarlas nosotros mismos.

Porque nuestro amor propio no morirá mientras vivamos y es él el que hace brotar esas hierbas importunas.

Pero el caer algunas veces en pecados veniales no significa que seamos débiles, siempre que nos levantemos inmediatamente, volviendo nuestra alma hacia Dios y humillándonos con suavidad.

No creamos que podemos vivir sin cometer algunos pecados veniales, este privilegio es exclusivo de nuestra Señora. Es cierto que ellos nos detienen y frenan un poco nuestro caminar, pero una sola mirada de Dios, los borra.

Pero debéis saber que es importante no cesar de hacer buenos propósitos, aunque claramente veamos que por nuestra condición no vamos a ponerlos en práctica, o sea, que no los vamos a cumplir cuando se presente la oportunidad; los tenemos que hacer, y aún con más firmeza que si nos sintiésemos con el valor suficiente para salir victoriosos en la empresa, diciendo al Señor:

Es verdad que no voy a tener fuerza para hacer o para soportar tal cosa, pero me agrada saber que será vuestra fuerza la que lo hará en mí, y en este apoyo voy a la batalla lleno de valor. Podéis estar segura de que la victoria será vuestra.

 

Simeón el Nuevo Teólogo

Himno 30

«Jesús lo tocó diciendo: ¡quiero, queda limpio!»

Antes que brillara la luz divina,
no me conocía a mí mismo.
Viéndome entonces en las tinieblas y en la prisión,
encerrado en un lodazal,
cubierto de suciedad, herido, mi carne hinchada…,
caí a los pies de aquél que me había iluminado.
Y aquél que me había iluminado toca con sus manos
mis ataduras y mis heridas;
allí donde su mano toca y donde su dedo se acerca,
caen inmediatamente mis ataduras,
desaparecen las heridas, y toda suciedad.
La mancha de mi carne desaparece…
de tal manera que la vuelve semejante a su mano divina.
Extraña maravilla: mi carne, mi alma y mi cuerpo
participan de la gloria divina.

Desde que he sido purificado y liberado de mis ataduras,
me tiende una mano divina,
me saca enteramente del lodazal,
me abraza, se echa a mi cuello,
me cubre de besos (Lc 15,20).
Y a mi que estaba totalmente agotado
y que había perdido mis fuerzas
me pone sobre sus hombros (Lc 15,5),
y me lleva lejos de mi infierno…

Es la luz que me arrebata y me sostiene;
me arrastra hacia una gran luz…
Me hace contemplar por que extraño remodelaje
él mismo me ha rehecho (Gn 2,7) y me ha arrancado de la corrupción.
Me ha regalado una vida inmortal
y me ha revestido de ropa inmaterial y luminosa
y me ha dado sandalias, anillo y corona
incorruptibles y eternas (Lc 15,22).

Advertisements
error: @caminitoespiritual.com