You dont have javascript enabled! Please download Google Chrome!
Esther de Waal Sagradas Escrituras

La fuerza más poderosa que actúa en nosotros

Desde siempre han sabido los monjes que la fuerza más poderosa que actúa en nosotros, obrando para posibilitar el cambio y la transformación, es la Palabra de Dios. (…)

«Así pues, recordemos constantemente lo que dice el Profeta: “Servid al Señor con temor”, y también “Cantad salmos sabiamente”, y: “En presencia de los ángeles cantaré para ti”. Consideremos, pues, el modo en que conviene estar en presencia de Dios y de sus ángeles, y asistamos a la salmodia de tal modo que nuestra mente concuerde con nuestra voz» (Benito de Nursia, Regla de los monjes). (…)

La transformación tiene lugar cuando estamos dispuestos a acoger la palabra de Dios en nuestra vida, escuchar su voz y obrar consecuentemente. La mente, los sentidos, el corazón… todo debe ser receptivo. Lo cual significa que debemos prestar atención sin ser pasivos: escuchando, interiorizando, reflexionando. En este momento la comprensión monástica de la humildad tiene que desempeñar una importante función. Desafortunadamente, en la actualidad se trata de un concepto muy poco atractivo, pues ha adquirido connotaciones de poca autoestima, cuando en realidad su verdadero significado apunta al sentido del auténtico yo. Significa conocer y aceptar mis limitaciones, sin negarlas. No tengo la última palabra; no soy la fuente definitiva de sabiduría. No soy autosuficiente; no puedo arreglármelas solo. Cuando admito que todo depende de Dios, estoy dispuesto y preparado para cambiar, probablemente una y otra vez. Lo cual no es más que decir que estoy abierto a un proceso de transformación permanente. San Benito enseñó a sus monjes la tríada de silencio, obediencia y humildad como instrumentos básicos para su vocación. Los tres se enriquecen mutuamente. Si pienso en mis propias circunstancias, descubro que me piden silencio, escucha y vacío, así como una actitud de discípulo (discipulus), de alguien que aprende, que sigue, que está dispuesto a abrirse a lo nuevo.

Esther de Waal, Invitación al asombro, Cap. 5.

error: @caminitoespiritual.com
%d bloggers like this: