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Mons. José Ignacio Munilla

«Dios es amor»

Homilía Sagrado Corazón de Jesús – Mons. José Ignacio Munilla – «Dios es amor»

«El que teme sufrir, sufre de temor»

Jesús comienza con una oración dirigida al Padre delante de sus discípulos. Parece que interrumpe momentáneamente la conversación en la que estaba enfrascado, eleva sus ojos al cielo y dice: «Padre, te doy gracias porque has escondido estas cosas a los sabios, a los que se las dan de entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”. ¿A qué se refiere Jesús? ¿Qué sabiduría escondida es esa, que entienden los pequeños y los soberbios no entienden? ¿A qué se refiere? Pues, se refiere, sin duda, a ese versículo de la Primera Carta de San Juan que dice: «Dios es amor».

Se da la circunstancia de que todos los años en esta fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, una persona, un devoto del Corazón de Jesús que todos los años me suele llamar, tiene esa costumbre. Ya uno sabe que el día del Corazón de Jesús, éste seguro que me llama, ¿no? Esta mañana me ha llamado, como todos los años, y me dice: «José Ignacio, Dios es amor. Él ya había asistido a la Misa, antes de hacer la llamada telefónica y había escuchado esta lectura. Y entonces me decía: «Dios es amor, y con eso ya hemos dicho todo». Y poquitas palabras más hemos dicho y ya terminamos la conversación hasta el año que viene. Y verdaderamente esa es una sabiduría que Dios se la revela a los sencillos. Y los que son complicados, pues, sufren y sufren. No entienden el sentido de la vida y no saben exactamente qué debiera de cambiar en su entorno para que comenzasen a ser felices, ¿no? Sin embargo los sencillos entienden que Dios es amor y que todo lo que acontece en la vida, en el fondo, tiene una providencia de amor, de la que Dios es capaz de sacar bienes de todo, de todo. Por eso dice: «porque mi yugo es llevadero y mi carga es ligera».

El que entiende que Dios es amor, se da cuenta de que los retos, los sufrimientos que afronta en su vida pueden ser también vividos en clave de amor, sí, pueden ser vividos en clave de amor. Quien entiende la sabiduría que se esconde detrás de que «Dios es amor», entiende que para poder ser feliz no tiene que estar esperando a dejar de sufrir. Porque a veces nosotros pensamos eso: a ver cuando dejo de sufrir para empezar a ser feliz y eso no es así. Es una gran equivocación. Se nos pasa la vida esperando a ver cuándo dejo de sufrir para ser feliz hasta que entendamos que en el Misterio del Amor, el sufrimiento es compatible con la felicidad, porque ¿quien sufre? El que ama. Si amas, sufres. ¿Y quién es feliz? El que ama. Con lo cual, amar y sufrir no son dos cosas incompatibles, es más, es que es imposible separarlas. No se puede ser feliz sin al mismo tiempo sufrir. Imposible. Y sufrir en Cristo, es ser feliz. Por eso, pues lo que este hombre me decía esta mañana, ¿no? Dios es amor y en eso está todo dicho. Pues sí, es verdad, está todo dicho. La clave de comprensión de la vida, todo lo que acontece, todo lo que acontece verdaderamente es, debe de ser vivido en esta clave, en el designio de salvación de Dios que nos ama. «Mi yugo es llevadero, mi carga es ligera». Cargad sobre vosotros ese yugo, o sea, no tengamos miedo a cargarlo cuando a veces tenemos esa especie de miedo a la Cruz. El que teme sufrir, sufre de temor. ¿Sabes eso, no? Eso es así. El que teme sufrir, y está mirando de reojo la Cruz, y le cuesta abrazarla, ese temor que tiene le impide descubrir ese secreto, esa sabiduría de que Dios es amor y abrazando esa Cruz vas a ser feliz. El que teme sufrir, sufre de temor. Nosotros hemos recibido de Jesús una llamada a no tenerle miedo a la Cruz. Abrazarla con confianza. Abrazarla con decisión, sabiendo que si fue salvadora y fue redentora en Jesucristo, también lo es en nosotros salvadora y redentora.

Seamos sencillos, seamos humildes, para que también esta oración de Jesús pueda ser dicha de nosotros: «Te doy gracias, Padre, porque esto se lo has revelado a los sencillos, a los humildes, no a los que buscan sabidurías escondidas, no. Dios es amor y todo lo que acontece en tu vida, nada de eso se le ha escapado a Dios de las manos. Es un designio de amor que tú estás llamado a descubrir y a vivirlo en un acto de abandono, sabiendo que todo resulta para bien en aquellos que aman, confían y esperan en Dios.

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