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Pascua

La Pascua Ortodoxa

 

Con ritos largos y muy llamativos las Iglesias orientales, tanto católicas como ortodoxas, celebraron la grande y santa semana de la Pasión del Señor y han vuelto a vivir el pasado Domingo la alegría del encuentro con el Señor resucitado.Seguimos acá algunas de las celebraciones más importantes, en la Iglesia Ortodoxa de San Demetrio de Bologna-Italia, del Patriarcado Ecuménico.

Durante esta semana, la Iglesia parece querer dedicarse por completo a su Señor, para recibir con el perdón de los pecados, una renovación auténtica de la vida.Después de haber celebrado por la mañana del Jueves Santo la Liturgia que revive la mística cena de la institución de la Eucaristía, en la noche la Iglesia de Oriente ya entra en el misterio de la pasión, con la proclamación de 12 evangelios, acompañados por largos himnos de contemplación.

En el clímax del rito, con la iglesia en la oscuridad, el sacerdote sale del santuario llevando la cruz y la imagen de Cristo, para revivir el momento de la exaltación de Cristo sobre la cruz. «Hoy cuelga del madero, el que colgó la tierra sobre el agua», canta el sacerdote, resuenando el coro. «Hoy el Rey de los Ángeles está ceñido por una corona de espinas; Hoy está envuelto en una falsa púrpura el que envuelve el cielo con nubes; recibe una bofetada, el que en el Jordán liberó a Adán; el Esposo de la Iglesia está clavado con clavos; el Hijo de la Virgen es atravesado por una lanza. Cristo, resucítanos y sálvanos, oh Señor, en tu amor por el hombre. Tu cruz, Señor, es para tu pueblo la vida y la restauración: confiando en ella, te cantamos, nuestro Dios crucificado. Ten piedad de nosotros». Incluso cuando las largas celebraciones han terminado, los fieles aman entretenerse en la iglesia, adorando amorosamente la cruz e invocando la misericordia de Dios.

En la mañana del Viernes Santo se celebra la oficio de la deposición y se prepara el epitafios, una especie de altar portátil cubierto de flores, sobre el cual se coloca un paño muy adornado con la representación del cuerpo sepultado del Señor. Recordando el gesto de piedad de José de Arimatea y del las mujeres santas, el sacerdote honra al Cuerpo del Señor con perfumes y flores y, debido a que el Cuerpo todo de Cristo es la Iglesia, los mismos honores son otorgados a los fieles y a los iconos de los santos.

Particularmente conmovedor es el canto de esta noche, muy amado por los fieles, en el que se recuerda el diálogo entre Cristo y la Virgen Madre.

Gritaba la Virgen, llorando calidas lágrimas, con el corazón traspasado. Oh mi dulce primavera, mi dulce Hijo, donde se oscureció tu belleza, Oh luz de mis ojos, muy dulce Hijo mío, ¿cómo puede ahora cubrirte una tumba? Para liberar a Adán y Eva, sufro todo esto: no llores, madre. Doy gloria, mi Hijo, a tu inmensa compasión: por eso sufres todo esto. ¡Que resurgas, oh Dador de vida!, dice con lágrimas la Madre que te dio a luz.

El epitafios se lleva en procesión, con cantos de las lamentaciones fúnebres en honor del Señor. La entrada a la Iglesia es impresionante, conmemorando el descenso de Cristo al reino de los muertos para anunciar su victoria. Después solicitar con el salmo la apertura de las puertas al Rey de Gloria, con una patada se abre el acceso al Señor de la vida. Entrando a la Iglesia, todos los fieles pasan bajo el epitafios: es un gesto que recuerda el bautismo, ser sumergidos en la muerte de Cristo.

Y llegamos a la noche de Pascua: en la Iglesia inmersa en la oscuridad, el sacerdote extrae el fuego de la Pascua de la llama de la lámpara que arde perenne. Esta tradición afecta profundamente en Jerusalén y el Patriarca de la ciudad santa difunde la luz que sale del Santo Sepulcro. Por una buena iniciativa de la parroquia rusa de San Basilio llegó la llama santa de Jerusalén a Bolonia y se donó a varias iglesias de la ciudad. También arde en la lámpara perenne del Santísimo Sacramento en la Catedral. Fuera de la Iglesia, se proclama el Evangelio de la resurrección y el sacerdote entona el tropario pascual, que marca el pasaje al gozo de la resurrección.

A partir de este momento, hasta la Ascensión, el saludo pascual reemplaza cualquier otro saludo: Χριστὸς ἀνέστη; Хрїсто́съ воскре́се; Христос воскрес, Hristos a înviat; ქრისტე აღსდგა; حقا قام; Cristo ha resucitado.

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