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San Juan Pablo II

La “Hora” decisiva

«No había llegado su hora» (Jn 7, 30)

 

Esa hora dramática ha sido «querida y establecida por el Padre». Antes de la hora elegida por el designio divino, los enemigos de Jesús no pueden apoderarse de él. Muchas veces intentaron detenerlo o asesinarlo. Al mencionar una de esas tentativas, el evangelio de san Juan pone de relieve la impotencia de sus adversarios: «Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora» (Jn 7, 30).

Cuando llega la hora, se presenta también como la hora de sus enemigos. «Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas», dice Jesús a «los sumos sacerdotes, jefes de la guardia del templo y ancianos que habían ido contra él» (Lc 22, 52-53).

En esa hora tenebrosa, parece que nadie puede detener el poder impetuoso del mal.

Y, sin embargo, también esa hora depende del poder del Padre. Él será quien permita a los enemigos de Jesús apresarlo. Su obra se incluye misteriosamente en el plan establecido por Dios para la salvación de todos.

Más que la hora de sus enemigos, la hora de la pasión es, pues, la «hora de Cristo», la hora del cumplimiento de su misión. El evangelio de san Juan nos permite descubrir las disposiciones íntimas de Jesús al inicio de la última Cena: «Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo » (Jn 13, 1). Por tanto, es la «hora del amor», que quiere llegar «hasta el extremo», es decir, hasta la entrega suprema. En su sacrificio, Cristo nos revela el amor perfecto: ¡no habría podido amarnos más profundamente!

Esa hora decisiva es, al mismo tiempo, hora de la pasión y «hora de la glorificación». Según el evangelio de san Juan, es la hora en que el Hijo del hombre es «elevado de la tierra» (Jn 12, 32). La elevación en la cruz es signo de la elevación a la gloria celestial. Entonces empezará la fase de una nueva relación con la humanidad y, en particular, con sus discípulos, como Jesús mismo anuncia: «Os he dicho todo esto en parábolas. Se acerca la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre» (Jn 16, 25).

La hora suprema es, en definitiva, el tiempo en que el Hijo va al Padre. En ella se aclara el significado de su sacrificio y se manifiesta plenamente el valor que dicho sacrificio reviste para la humanidad redimida y llamada a unirse al Hijo en su regreso al Padre.

San Juan Pablo II
Audiencia General 14-01-1998.

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