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San Juan Pablo II

«El que no está contra nosotros está con nosotros» (Mc 9, 40; cf. Lc 9, 50)

POPE JOHN PAUL II
Pope John Paul II holds his staff during a prayer inside the Trans World Dome in St. Louis, Mo., on Jan. 27, 1999, where he celebrated Mass for 80,000 worshipers. Born Karol Wojtyla in Wadowice, Poland, he was elected in 1978 as the first non-Italian Pope in 450 years. The pontiff survived an assassination attempt in Vatican City in 1981. Pope John Paul II leads the Roman Catholic Church in a time when women want to be ordained priests, priests desire to marry, and liberal forces sweep through the church in the coming millennium. (AP Photo/ Eric Draper)

[…] Son verdaderas las palabras de la Biblia: la Sabiduría de Dios circundaba la bóveda celeste y caminaba por el seno de las profundidades. Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra y sobre todo pueblo y nación tenía dominio (cf. Eclo 24, 5-10), «siendo sus delicias los hijos de los hombres» (Prov 8, 31). Por eso los cristianos se sienten obligados de un modo especial a aplicar las palabras de Jesús cuando dijo: «El que no está contra nosotros está con nosotros» (Mc 9, 40; cf. Lc 9, 50).

4. Es cierto, en muchas cosas estáis ya con nosotros. Pero nosotros, los cristianos, hemos de decir también que nuestra fe es Jesucristo, es a Jesucristo a quien proclamamos. Incluso hemos de decir más, repitiendo las palabras de San Pablo: «Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (I Cor 2, 2), Jesucristo que ha resucitado también para la salvación y la felicidad de toda la humanidad (cf. 1 Cor 15, 20). Por eso, nosotros llevamos su nombre y su alegre mensaje a todos los pueblos y, a la vez que honramos sinceramente sus culturas y tradiciones, los invitamos respetuosamente a escucharle y a abrirle sus corazones. Al entablar el diálogo, nuestro objetivo es dar testimonio del amor de Cristo, o, en términos concretos, “fomentar la unidad y la caridad entre los hombres y, aún más, entre los pueblos, considera aquí, ante todo, aquello que es común a los hombres y conduce a la mutua solidaridad” (cf. Nostra aetate, 1). El mensaje de Cristo que proclama la Iglesia está centrado en el amor al hombre: éste es el gran precepto de Cristo, la plenitud de la perfección. Por “hombre” entendemos todo aquel que está a nuestro lado, la persona individual formada en el corazón de su madre.

5. En nuestro compromiso por el hombre, nosotros los cristianos estamos deseosos y dispuestos a colaborar con vosotros en favor de la dignidad del hombre, de sus derechos innatos, de la sacralidad de su vida incluso en el seno materno, de su libertad y autodeterminación a nivel individual y social, de su elevación moral y la primacía de su dimensión espiritual. Como hombres religiosos, hemos de dedicar una particular atención al fortalecimiento de las relaciones sociales cordiales y adoptar un estilo de vida marcado por la sobriedad personal y el sincero respeto de la belleza del mundo en que vivimos. Esta es nuestra tarea hoy, más que nunca, cuando la humanidad se enfrenta con la creciente amenaza de ideologías materialistas y de formas de industrialización que pueden despojar al hombre de su dignidad… La Iglesia se hace, a través del diálogo, más católica cada vez —más universal—, lo cual está en consonancia con su naturaleza y su misión de proclamar y dar testimonio del amor de Cristo hacia todos los seres humanos.

6. Me gustaría decir más, pero el lenguaje humano es a veces demasiado limitado y difícil. Sé, sin embargo, que vosotros comprendéis el corazón. Y la aspiración de nuestros corazones apunta en la misma dirección. Por eso os digo: Que el Espíritu y el amor de Cristo esté con todos vosotros.

Juan Pablo II
Discurso a los representantes de las religiones no cristianas,
Tokio.
24-02-1981

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