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S.S. Benedicto XVI

La vida eterna

Para nosotros, los cristianos, «vida eterna» no indica sólo una vida que dura para siempre, sino más bien una nueva calidad de existencia, plenamente inmersa en el amor de Dios, que libra del mal y de la muerte, y nos pone en comunión sin fin con todos los hermanos y las hermanas que participan del mismo Amor. Por tanto, la eternidad ya puede estar presente en el centro de la vida terrena y temporal, cuando el alma, mediante la gracia, está unida a Dios, su fundamento último.

Todo pasa, sólo Dios permanece. Dice un salmo: «Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre!» (Sal 73, 26). Todos los cristianos, llamados a la santidad, son hombres y mujeres que viven firmemente anclados en esta «Roca»; tienen los pies en la tierra, pero el corazón ya está en el cielo, morada definitiva de los amigos de Dios.

Benedicto XVI
Angelus, 01.11.2006

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