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Oración S.S. Benedicto XVI

El don de Dios

El Señor nos recuerda que los padres, cuando sus hijos les piden pan, no les dan una piedra y continúa diciendo así: «Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!» (Mt 7, 9ss). Lucas especifica estas «cosas buenas» que el Padre da: «[…] ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden!» (Lc 11, 13). Esto quiere decir: el don de Dios es Dios mismo. Eso «bueno» que él nos da es él mismo. En este pasaje, de un modo inesperado, se hace evidente lo que está realmente en juego en la oración: no es esta cosa o aquella, sino el hecho de que Dios quiere dársenos. Este es el don de todos los dones, lo «único necesario». La oración es un camino para purificar progresivamente nuestros deseos, corregirlos y caer lentamente en la cuenta de lo que realmente necesitamos: Dios y su Espíritu.

Joseph Ratzinger
Jesús de Nazaret, Desde el bautismo en el Jordán hasta la transfiguración, Cap. 5

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