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Kallistos Ware

El Nombre del Hijo de Dios

El Nombre del Hijo de Dios es grande e ilimitado, y sostiene el universo entero.

El poder y la gloria de Dios están presentes y activos en Su Nombre. El Nombre de Dios es numen praesens, Dios con nosotros, Emmanuel. Invocar el Nombre de Dios deliberadamente y con atención es ponerse uno mismo en Su presencia, abrirse uno mismo a Su energía, ofrecerse uno mismo como instrumento y sacrificio vivo en Sus manos.

El Nombre de Dios está íntimamente unido a Su Persona, y así la Invocación del divino Nombre posee un carácter sacramental, sirviendo como un signo eficaz de Su invisible presencia y acción. Para el cristiano creyente de hoy, como en los tiempos apostólicos, el Nombre de Jesús es poder. En palabras de los dos Ancianos de Gaza, San Barsanuphius y San Juan (Siglo VI), «el recuerdo del Nombre de Dios destruye completamente todo mal». «Azotad a vuestros enemigos con el Nombre de Jesús», exhorta San Juan Clímaco, «ya que no existe arma más poderosa en el cielo o en la tierra… Que el recuerdo de Jesús se una a cada una de vuestras respiraciones, y conoceréis entonces el valor de la quietud».

Kallistos Ware
El poder del Nombre

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