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Esther de Waal

La escucha

«Si conocieras quién te dice “dame de beber”» (Jn 4, 10)

La primera palabra de la Regla es «escucha». Desde el principio, el objetivo del discípulo consiste en escuchar atenta y cuidadosamente esa Palabra de Dios que no es sólo mensaje, sino acontecimiento y encuentro. (…)

El simple término «obsculta» es rico de significados, pues conlleva una forma de escuchar caracterizada por la reverencia, la disposición y la humildad. No sólo supone escuchar la Palabra de Dios, sino escuchar también en muchos otros niveles, a la Regla, al abad y a los hermanos. (…) Escucharnos a nosotros mismos y aprender a amarnos, prestar atención a nuestro cuerpo, a sus exigencias y a sus ritmos. (…)

San Benito comprende la escucha de esta manera; consiste en escuchar con toda la persona, con el cuerpo y con la inteligencia, y requiere amor a la vez que asentimiento cerebral. Igualmente conlleva solicitud, la atención que hace que la escucha pase de ser una acción del cerebro a ser una respuesta viva. Habiendo escuchado la palabra, haya venido por el canal que haya venido, incluso por algo tan inaceptable como mi dolor de espalda, me detengo y lo considero seriamente para hacer algo al respecto. Escuchar atentamente aquello que oigo es mucho más que prestar atención con los oídos. En primer lugar, significa que hemos de escuchar, nos guste o no, tanto lo que deseamos oír como lo que es desagradable y amenazador. Si empezamos a seleccionar y escoger, estamos, de hecho, haciendo oídos sordos a muchas formas inesperadas y quizá inaceptables por medio de las cuales Dios trata de acceder a nosotros.

Esther de Wall
Buscando a Dios, Cap. III

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