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Dionisio el Carjujano

«Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos» (Mt 7,12).

Obrando así, amaremos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Cuando procuramos al prójimo el bien que deseamos para nosotros y sentimos una sincera compasión por él al verle sufrir el mal que tampoco nosotros queremos, lo amamos verdaderamente. Hacer otra cosa sería carecer de caridad fraterna.

Por consiguiente, quien quiera vivir en la caridad con el prójimo, que evite todo lo que le pueda ofender, sie pre que, no obstante, la razón o los deberes que tenemos con Dios no exijan que nos comportemos de una manera diferente. Haciendo la voluntad de los otros y evitando todo lo que les ofende, la caridad será duradera e irá aumentando. San Juan, el discípulo predilecto de Jesus, nos da muchas y variadas recomendaciones y exhortaciones sobre la caridad fraterna. Dice: «Si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su perfección» (1 Jn 4,12).

En efecto, la caridad verdadera y perfecta hace que tratemos al prójimo del mismo modo que deseamos ser tratados nosotros, y esto en cada cosa, tanto en las adversidades como en la prosperidad. Nadie es tan insensato que no experimente disgusto con su propio mal, si lo siente, y que no experimente, en cambio, placer con su propio bien, si lo conoce; que no desee que tengan misericordia con él y le den tiempo para enmendarse cuando se ha equivocado; que no tema el castigo divino y no desee poder evitarlo. En efecto, cuando nosotros cometemos el mal, sabemos excusarlo ante Dios con nuestra fragilidad e imperfección y le pedimos que no nos trate como enemigos y rebeldes, sino que nos perdone mirando nuestra pobreza y debilidad. Pues bien, también nosotros debemos tratar de este modo a nuestro prójimo. La misericordia procede de la caridad. Afirma la Escritura: «El hombre compasivo se hace bien a sí mismo» (Prov 11,17). Lo repite Jesucristo: «Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos» (Mt 5,7). Y, hablando a los fariseos, dijo: «Entended lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios» (Mt 9,13).

Dionisio el Cartujano
en AA. VV., Un itinerario di contemplazione

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