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Las Eucaristías de los primeros cristianos, celebradas en casas, no eran informales

Un artículo de Mons. Charles Pope, sacerdote de Washington y célebre comentarista en medios católicos, destaca las características de las casas empleadas por los primeros cristianos para la celebración de la Eucaristías bajo la persecución del imperio romano. Contrario a lo que podría ser una primera intuición, los creyentes se habían organizado de una manera muy similar a la de los templos actuales y contaban con estrictas normas para la liturgia antes del Edicto de Milán que otorgó libertad religiosa a los cristianos en el año 313.

El diagrama de la Domus Dei (Casa de Dios) de Dura-Europos, una residencia del siglo III que reveló ser empleada para el culto cristiano, y apartes del Didiscalia, un documento del año 250, ofrecen detalles sobre la vida de los primeros cristianos. La edificación presenta un cuarto reservado al Sacramento del Bautismo, un área de enseñanza y un cuarto de asamblea en el que se celebraba la Eucaristía, orientado hacia el Oriente. “Recuerdo que me enseñaron (incorrectamente) que estas Misas tempranas eran informales, celebradas de cara a las personas y que tenían un ambiente relajado y comunitario”, expuso Mons. Pope. “De hecho, las personas no se sentaban alrededor de una mesa o en el piso en círculo, en absoluto. Se sentaron o se pusieron de pie formalmente, todos orientados en una misma dirección”.

“Ahora, en sus reuniones, en la santa Iglesia, congréguense modestamente en los lugares de los hermanos, como quieran, de una manera agradable y ordenada con cuidado”, aconsejaba el antiguo documento. “Que el lugar de los sacerdotes se separe en una parte de la casa que mira hacia el este”. El texto hace referencia a una separación del espacio de los sacerdotes con respecto a los fieles, de forma similar a los actuales presbiterios. El Obispo y los sacerdotes se sentaban juntos, se ponían de pie primero que los laicos y todos miraban hacia el Oriente. “Ahora, deberías dirigirte al Oriente para orar porque, como sabes, las Escrituras lo tienen, alaba a Dios que asciende sobre los cielos más altos hacia el este”.

Las condiciones de persecución hacían más necesaria la disciplina, siendo tarea de los diáconos vigilar la entrada del lugar, que era asegurada antes de la Eucaristía, y preservar el “buen orden” entre los laicos durante la oración. Las normas consignadas en el Didiscalia incluyen el orden en el que se acomodaban los creyentes, diferenciados por su sexo y edad, estableciendo incluso zonas separadas para las familias con niños pequeños. “Un diácono debe ver que cada uno de los que entran llegue a su lugar, y que ninguno de estos se siente en un lugar inapropiado”, estipulaba el documento. “Del mismo modo, el diácono debería ver que no haya nadie que susurre o duerma o se ría. Porque en la Iglesia es necesario tener disciplina, vigilancia sobria y un oído atento a la Palabra del Señor”.

Con información de Community in Mission.

Washington (Miércoles, 03-04-2019, Gaudium Press)

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