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Acción del mal Gabriele Amorth

Cuando no se cree en Dios, se cree en los ídolos

–Parece que la victoria del demonio está en el hecho de que el hombre de hoy ya no cree en la existencia del mal.

–Porque el hombre de hoy quiere hacer todo aquello que quiere. Esta es la razón por la cual dice no creer en él. Dice que no cree en la existencia del mal y del demonio para poder hacer todo lo que quiere. Pero basta ver cómo van las cosas de que vaya si existe el mal, vaya si existe el demonio.

Desde hace veintisiete años he actuado a tiempo completo como exorcista: he exorcizado a miles de personas. ¡Vaya si existe el demonio! ¡Y cómo lo ven las personas cuando está allí: lo tienen en los talones!

¡Cuántas son las personas que hoy andan en las diversas formas de ocultismo: magia, satanismo, misas negras, incluso consagraciones a Satanás! ¡Vaya si van tras estas cosas! Porque hay algo que siempre es fatal y que ninguna época histórica contradice: cuando no se cree en Dios, se cree en los ídolos. Toda la historia sagrada nos ofrece una demostración: cuando no se cree en Dios, se cree en los ídolos.

Y también nuestra historia humana nos muestra que mucha gente no cree en Dios, pero cree en el horóscopo, cree en la cartomancia, cree en los magos, cree en los sedicentes, en los que dicen estar poseídos o incluso recibir continuamente comunicaciones de Dios, de los ángeles, de demonios, etc. Dicho de otro modo, no se cree en Dios, pero se cree en las mentiras, o sea, se cree en el diablo. Porque no existe una vía intermedia: quien no está con Jesús, está con el diablo. No existe una vía intermedia. Y todos aquellos que no creen en Dios, creen en Satanás. ¡Y cuánto!

Me viene a la memoria un episodio antiguo pero que puede todavía impresionar a las personas a las que les sucedió. Encontrándose un famoso convertido al catolicismo, Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), en una reunión de filósofos en Turquía, no había entre los filósofos ningún creyente: había de diversos credos o de ninguno, eran casi una treintena. Cuando se reunieron para hablar de manera muy privada, durante la comida, de tú a tú, salió a la luz que todos, todos, tenían un amuleto, un talismán, algo que les protegiese del mal. En cambio, este único católico era el único que no llevaba consigo objeto protector. Fijaos también cómo él decía, partiendo de allí: «Está claro que el que no cree en Dios se da a la superstición, cree después en las diversas formas de superstición».

Por tanto, cuando uno no se da a Dios, se da a diversas formas de superstición, o sea, a las formas diabólicas, porque donde no está Dios está el diablo. No existe una tercera posibilidad.

Padre Amorth
Mi encuentro con el diablo.

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