«Si la casa lo merece, entrará en ella la paz» (Mt 10, 13)

«Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa» (Lc 10,5) para que el mismo Señor entre en ella y se quede allí, como cerca de María… Esta salutación es el misterio de la fe que ilumina el mundo; por ella se ahoga la enemistad, se acaba la guerra y los hombres se reconocen mutuamente. El efecto de esta salutación estaba escondido como debajo de un velo, a pesar de ser prefigurado en el misterio de la resurrección… cada vez que la luz se levanta y que la aurora echa fuera la noche. A partir de este envío hecho por Cristo, los hombres han comenzado a dar y a recibir esta salutación, fuente de curación y de bendición…

Esta salutación, con su escondido poder… es suficiente para llegar, ampliamente, a todos los hombres. Por eso Nuestro Señor ha enviado, como precursores, a sus discípulos a llevarla para que ella haga realidad la paz que llevan, por su voz, los apóstoles, sus enviados, y prepare el camino ante ellos. Fue sembrada en todas las casas…; entraba en todos los que la oían, para separar y poner a parte a sus hijos que la reconocían. Quedaba en ellos pero denunciaba a los que le eran extraños porque no la acogían.

Esta salutación de paz no se acaba nunca, saliendo de los apóstoles llega a sus hermanos desvelándoles los tesoros inagotables del Señor… Presente tanto en los que la daban como en los que la acogían, este anuncio de la paz no sufría ni disminución ni división. Anunciaba que el Padre está cerca de todos y en todos; revelaba que la misión del Hijo está enteramente cerca de todos aunque su fin sea junto a su Padre. No cesa de proclamar que las imágenes están ya cumplidas y que la verdad hace huir las sombras.

San Efrén el Sirio
Diatesaron 8, 3-4

«El verdadero campo de batalla en el que se enfrentan la violencia y la paz es el corazón humano». (Fr. Martín Gelabert)

Creo que el mayor destructor de la paz hoy es el aborto, porque es una guerra directa, un asesinato directo por la madre misma. (…) Porque si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué falta para que yo te mate a ti y tú me mates a mí?, no hay nada en el medio. (…)

Los pobres son gente muy buena. Pueden enseñarnos muchas cosas bellas. El otro día uno de ellos vino a agradecerme algo y me dijo: Ustedes, los que tienen el voto de castidad, son los mejores para enseñarnos sobre la planificación familiar, porque no consiste en otra cosa sino en el auto control y en vivir el amor hacia la otra persona. Sinceramente pienso que es una afirmación muy bonita. Y estas son personas que tal vez no tienen nada que comer, tal vez no tienen un hogar donde vivir, pero son grandes personas. Los pobres son gente maravillosa.

Santa Teresa de Calcuta
Discurso al recibir el Premio Nobel de la Paz,
10 de Diciembre 1979

Foto: © Piotr Skrzypiec

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