Adviento Reflexiones

La santidad es, antes que nada, el privilegio de Dios, su misma divinidad

En cuanto Juan recibió el nombre de su padre, la boca de Zacarías se abrió por su obediencia, se llenó del Espíritu Santo y brotó un canto de su corazón. No se queda en su alegría personal, extraordinaria e inesperada, de tener un hijo, sino que cantará su alegría de padre después de haber cantado la alegría más elevada que nace de la misericordiosa ternura de Dios con el hombre.

Dios, el Señor, el Inaccesible, se ha expresado en nuestra historia: la larga y angustiosa espera se ha realizado. La certeza principal del pueblo de Israel es el amor que Dios ha tenido desde el principio por su creación, y la certeza de que toda criatura está ligada a él, depende de él y sólo por él tiene su razón de existir. Ahora bien, a esta certeza fundamental se le ha añadido una revelación: Dios se ha «revelado» a los ojos de los hombres como ligado y unido personalmente a ellos.

Zacarías nos invita, inicialmente, a no olvidar ninguno de los beneficios pasados del Señor. Pero hoy, «colmado del Espíritu Santo», canta una alegría y una «visita» mucho más grandes: la visita de Dios, que viene a rescatar a su pueblo por medio del Mesías tan esperando, Jesús, «poder de salvación». Dios realiza hoy lo que habían anunciado los profetas. Muestra su bondad, se acuerda de su alianza. Libres ahora, canta Zacarías, podremos «servir a Dios con santidad y justicia».

La santidad es, antes que nada, el privilegio de Dios, su misma divinidad, pero Dios la extiende al hombre cuando crea un vínculo de amor con él. La fidelidad a este vínculo se vuelve camino de felicidad.

Zacarías no intentó inventar fórmulas sorprendentes para orar a su Dios. Repitió las grandes intervenciones de Dios en la historia sagrada, unió a estos grandes favores el que le toca más de cerca, el hijo que no se atrevía a esperar. Las realidades del pasado sirven de soporte para acoger el inmenso acontecimiento de hoy y, también, para garantizar que Dios estará presente mañana.

Jacques Loew
Preghiera e vita

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