Pascua San Antonio de Padua

«Tóquenme y vean» (Lc 24,39)

«Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona». Creo yo que hay cuatro razones por las que el Señor enseña a los apóstoles su costado, sus manos y sus pies. Primeramente para dar pruebas de que, verdaderamente, había resucitado y así quitar de nosotros toda duda. En segundo lugar para que «la paloma», es decir, la Iglesia o el alma fiel, ponga su nido en sus llagas, como «en las grietas de la roca» (Ct 2,14), y encuentre en ellas protección contra el gavilán que la acecha. En tercer lugar para dejar impresas en nuestros corazones, como unas insignias, las marcas de la Pasión. En cuarto lugar para prevenirnos y pedirnos que tengamos compasión de él y no lo traspasemos de nuevo con los clavos de nuestros pecados.

Nos enseña sus manos y sus pies: «Vean, dice, las manos que los hicieron y formaron (cf Sal 118,73); miren cómo las han traspasado los clavos. Miren mi corazón del que has nacido ustedes los fieles, ustedes mi Iglesia, igual que Eva que nació del costado de Adán; miren: la lanza lo ha abierto para que se les abra la puerta del paraíso que el querubín de fuego tenía cerrada. La sangre que ha brotado de mi costado ha alejado a este ángel, ha desafilado su espada; el agua ha apagado el fuego (cf Jn 19,34)… Escuchen con atención, recojan estas palabras, y la paz estará con vosotros».

San Antonio de Padua

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