San Juan Crisóstomo

«Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía»

En estas palabras conocemos que aquella enfermedad le había venido por sus pecados. Porque muchas veces sucede que tenemos el alma enferma y no lo sentimos, pero en cuanto experimentamos una pequeña lesión en el cuerpo, hacemos los mayores esfuerzos por librarlo de aquella enfermedad. Además, el Señor permite muchas veces que el cuerpo sufra por lo que peca el alma. En segundo lugar, aprendemos que es verdad lo que se dice respecto del infierno, y en tercer lugar, que el castigo que allí se sufre es largo y no tiene fin.

Pero dicen algunos: ¿por qué cuando pecó por poco tiempo ha de ser atormentado para siempre? Pero éste, según vemos, estaba atormentado mucho tiempo por sus pecados, en atención a que los pecados no se juzgan según el tiempo que se emplea en cometerlos, sino según la naturaleza de ellos.

En todo esto aprendemos también que si sufrimos grande castigo por los primeros pecados y después volvemos a caer en los mismos, sufriremos castigos mayores. Y esto es muy justo, el que no se enmienda por los castigos, se hace incorregible en adelante, y como todo lo desprecia, es atormentado en mayor escala.

Por tanto, si no sufrimos aquí lo que debemos por nuestros pecados, no confiemos. El no padecer aquí por los pecados, es señal de mayor castigo en la eternidad. Porque no todas las enfermedades provienen de los pecados, sino que unas provienen de la dejadez y otras se permiten para probarnos, como le sucedió a Job.

Pero ¿por qué Jesucristo no le dijo algo a este paralítico, respecto de sus pecados? Algunos, queriendo vituperar al paralítico, dicen que fue uno de los que acusaron a Jesucristo, y que por esto oyó estas palabras. ¿Y qué dicen del paralítico del cual se habla en San Mateo (Mt 9,2)? Porque también se le dijo: se te perdonan tus pecados; pero Jesucristo no le reprende por lo pasado, sino que le prepara para el porvenir. Cuando curó a otros, no hizo mención de sus pecados, porque estos no padecían enfermedades por sus culpas, sino que, como otros, padecían alguna enfermedad natural. Pero por medio de éstos amonesta a los demás.

Aparte de esto, también puede decirse que vio tanta paciencia en este paralítico, que podía sufrir la amonestación, y Jesús le amonestó. Pero le dio a conocer su propia divinidad, diciéndole «no peques más», en lo que le manifiesta que conoce todos los pecados que había cometido.

San Juan Crisóstomo
In Ioannem, hom. 35-37

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