San John Henry Newman

Dios cumple su promesa

«Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha» (Mc 4, 29)

Tal es el Reino escondido por Dios: lo mismo que ahora está escondido, así será revelado en el momento deseado. Los hombres creen que ellos son los dueños del mundo y que ellos pueden hacer lo que quieren. Actualmente, en apariencia «todo permanece igual que en el comienzo», y los sátiros reclaman: «¿dónde está pues la promesa de su venida?» (2Pe 3,4) Pero en el tiempo marcado, habrá una «manifestación de los hijos de Dios», y los justos «resplandecerán como el sol en el reino de su Padre» (Rm 8,19; Mt 13,43).

Cuando los ángeles se aparecieron a los pastores, fue una aparición súbita. La noche parecía igual a cualquier otra noche, como la noche en que Jacob tuvo su visión que también parecía igual a otra noche (Gn 28,11s). Los pastores velaban sobre sus rebaños, contemplaban cómo fluía la noche, las estrellas seguían su carrera, era medianoche; no pensaban en una cosa igual cuándo el ángel se les apareció. Tales son el poder y la virtud escondidas en lo visible; son manifestadas cuando Dios lo quiere.

¿Quién podría pensar, dos o tres meses antes de la primavera, que la cara de la naturaleza que parecía muerta pueda volver a ser tan espléndida y tan variada?. Lo mismo ocurre para esta primavera eterna que esperan todos los cristianos; vendrá, aunque tarde. Esperémoslo, porque «ciertamente vendrá, no tardará en venir» (He 10,37). Por eso decimos cada día: «que venga tu reino», lo que quiere decir: «Señor, muéstrate, manifiéstate, tú que estás sentado en medio de los querubines. Resplandece; despierta tu poder y ven a salvarnos» (Sal 79,2- 3). La tierra que vemos no nos satisface; es sólo un comienzo, es sólo una promesa de un más allá. Hasta en su máximo esplendor, cubierta por todas sus flores, cuando muestra de modo más sorprendente lo que esconde, esto no nos basta. Sabemos que hay en ella más cosas que no vemos. Lo que vemos es sólo la corteza exterior de un reino eterno. Sobre este reino es donde fijamos los ojos de nuestra fe.

John Henry Newman
Las parábolas del Reino, El Mundo Invisible

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