San Agustín

«Cree lo que no ves»

«El Hijo del hombre es señor también del sábado» (Mc 2,28)

Dios no nos enseña otro cántico que el cántico de la fe, de la esperanza y de la caridad, para que nuestra fe se afiance en él mientras todavía no lo vemos; creyendo en aquel a quien no vemos, para que nos gocemos al verlo y, a nuestra fe, le suceda la visión de la luz, cuando ya no se nos dirá: «Cree lo que no ves», sino: «Alégrate, porque ves».

Pues si amamos a quien no vemos, ¡cómo le amaremos cuando lo veamos! Crezca, pues, nuestro deseo. No somos cristianos sino con miras al siglo futuro: que nadie ponga su esperanza en los bienes presentes, que nadie se prometa la felicidad del mundo por el mero hecho de ser cristiano; disfrute, no obstante, de la felicidad presente si puede, como pueda, cuando pueda y cuanto pueda. Cuando la tenga, agradezca el consuelo de Dios; cuando le falte, agradezca la justicia de Dios: Es bueno dar gracias al Señor, y tañer para tu nombre, oh Altísimo.

El título del salmo 91 es éste: Salmo. Cántico. Para el día del sábado. Fijaos que también hoy es sábado. Los judíos lo celebran actualmente con cierto ocio corporal, lánguido y relajado. Hacen fiesta, pero es para entregarse a frivolidades; y habiendo sido Dios quien instituyó el sábado, ellos dedican el sábado a hacer lo que Dios prohíbe. Nuestro ocio consiste en abstenerse de las obras malas. También a nosotros Dios nos impone el sábado. ¿Cuál? Primero considerad dónde radica este sábado: nuestro sábado radica en el interior, en el corazón. Muchos, en efecto, descansan corporalmente, pero su conciencia vive en la agitación. Ningún hombre malo puede disfrutar del sábado, pues su conciencia no le deja un momento de reposo y se ve obligado a vivir en la turbación.

En cambio, quien tiene una buena conciencia, está tranquilo y esa misma tranquilidad es el sábado del corazón. Tiene el alma puesta en el Señor de las promesas, y si por ventura sufre al presente, se distiende con la esperanza puesta en el futuro, y se serena toda nube de tristeza, como dice el Apóstol: Que la esperanza os tenga alegres. Y ese mismo gozo en el sosiego de nuestra esperanza, es nuestro sábado. Esto es lo que se recomienda, esto es lo que se canta en el presente salmo: de qué modo el cristiano ha de vivir el sábado de su corazón, esto es, en el ocio, la tranquilidad y la serenidad de su propia conciencia, que nada sabe de perturbaciones. Por eso este salmo nos dice cuál es el origen de las perturbaciones que suelen afligir al hombre y te enseña a observar el sábado en tu corazón.

San Agustín, Comentario 1-2 sobre el Salmo 91, CCL 39, 1278-1280

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