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El saco de plumas – La lengua es fuego

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre sabio a quien le dijo: «Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?», a lo que el hombre respondió: «Toma una bolsa llena de plumas de ave y suéltalas por donde vayas».

El hombre al cabo de un día las había soltado todas. Volvió donde el sabio y le dijo:
«Ya he terminado», a lo que el sabio contestó:
«Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar la bolsa con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas».

El hombre se sintió muy triste, pues sabía que eso era imposible.
El sabio le dijo: «Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho.
Sé humilde y reconoce el daño pidiendo perdón a tu amigo, y jamás vuelvas a repetirlo».

Autor anónimo.

CARTA DE SANTIAGO 13, 1-18

Hermanos míos, no quieran muchos ser maestros, ya saben que los que enseñamos seremos juzgados más severamente.
Todos fallamos muchas veces: el que no falla con la lengua es un hombre perfecto, capaz de dominar todo el cuerpo.
A los caballos les ponemos un freno en la boca para que nos obedezcan, y así guiamos todo su cuerpo.
Observen las naves: tan grandes y arrastradas por vientos impetuosos: con un timón minúsculo las guía el piloto a donde quiere. Lo mismo la lengua: es un miembro pequeño y se cree capaz de grandes acciones.
Miren cómo una chispa incendia todo un bosque. Y la lengua es fuego. Como un mundo de maldad, la lengua, instalada entre nuestros miembros, contamina a toda la persona y hace arder todo el ciclo de la vida humana, alimentada por el fuego del infierno.
La raza humana es capaz de domar y domesticar toda clase de fieras: aves, reptiles y peces. Pero nadie logra dominar la lengua: mal infatigable, lleno de veneno mortífero. Con ella bendecimos al Señor y Padre, con ella maldecimos a los hombres creados a imagen de Dios. De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, no debe ser así. ¿Brota de una fuente, por el mismo caño, agua dulce y amarga? ¿Puede, hermanos míos, dar aceitunas la higuera e higos la vid? ¿O una fuente salada dar agua dulce?

¿Hay entre ustedes alguien sensato y prudente? Demuestre con su buena conducta que actúa guiado por la humildad propia de la sabiduría. Pero si ustedes dejan que la envidia los amargue y hacen las cosas por rivalidad, no se engañen ni se burlen de la verdad. Ésa no es sabiduría que baja del cielo, sino terrena, animal, demoníaca. Donde hay envidia y rivalidad, allí hay desorden y toda clase de maldad.
La sabiduría que procede del cielo es ante todo pura; además es pacífica, comprensiva, dócil, llena de piedad y buenos resultados, sin discriminación ni fingimiento.
Los que trabajan por la paz, siembran la paz y cosechan la justicia.

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