Santa Catalina de Siena

El bien sólo triunfará cuando la corrupción haya llegado al colmo

Cristo crucificado es el camino que debemos seguir para ir al Padre. No existe otro medio de realizar su voluntad que unirse estrechamente a Cristo, y si lo hacemos, veremos que nos hallamos en un fuego. El amor de Dios, quemando el alma como una hoguera ardiente, calienta, ilumina y transforma en sí mismo la madera que se halla en medio de las llamas.

¡Oh, fuego dulce y atractivo!, tú disipas todas las frialdades del vicio, del pecado y del egoísmo; tú calientas e inflamas la madera seca de nuestra voluntad de suerte que se abrasa y consume en aspiraciones ardientes, amando lo que Dios ama, aborreciendo lo que aborrece.

He recibido vuestra carta con sumo gusto, y ha sido para mí un gran consuelo ver que no os olvidáis de una criatura tan vil y miserable como yo. Contesto así a vuestras tres preguntas: Creo que sería bueno que nuestro dulce Cristo terrestre (es decir, el Papa) se libre de dos cosas que corrompen a la esposa de Cristo. La primera es el afecto excesivo que demuestra a su familia, de la que se ocupa con demasiada solicitud… La segunda es una dulzura excesiva, nacida de una extremada indulgencia. ¡Ay, ay, los miembros de Cristo se corrompen porque nadie los castiga! Hay tres vicios detestables hacia los que Nuestro Señor tiene particular aversión: la impureza, la avaricia y el orgullo que reinan entre los sacerdotes; éstos no piensan sino en los placeres y en las fiestas y se preocupan únicamente de hacer fortuna. Ven sin inquietud a los demonios infernales robarles las almas que les fueron confiadas, siendo ellos mismos lobos voraces que comercian con la divina gracia. Hay que poner orden en esto con mano firme, porque una compasión excesiva constituye a veces la mayor crueldad. Ruego a Dios que el Padre Santo reduzca al silencio su amor desmedido hacia su familia; no digo que la Iglesia sea por eso menos perseguida; pero tengo fe en el porvenir glorioso que le ha sido predicho. El bien sólo triunfará cuando la corrupción haya llegado al colmo.

Santa Catalina de Siena, Carta al Cardenal d’Estaing.

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