Juan de Cronstadt

El alma no puede amar a Dios y al mundo

Todos los hombres deben saber y recordar que su alma, que es el aliento de Dios, no tiene divisiones. Dios es indiviso y el alma es indivisa. Y puesto que el alma es indivisa, no puede amar dos objetos contrarios: a Dios y a algo de este mundo, al hombre y a algo material.

Para amar a Dios, resulta absolutamente necesario considerar todo lo terrenal como basura, y no ligarse a nada. Para amar al prójimo como a uno mismo, hay que despreciar el dinero, no complacerse con los manjares delicados, con los vestidos elegantes, con las distinciones, con los honores o con la opinión de los hombres. Necesitamos preservar el alma sin divisiones en el transcurso del culto público o de la oración privada, durante la lectura de la palabra de Dios o de los escritos de los santos Padres y, en general, en todo asunto importante. «Nadie puede servir a dos señores» (Mt 6, 24)

Juan de Cronstadt, Mi vida en Cristo.

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