Juan de Cronstadt

El pobre de espíritu

Para quien es pobre de espíritu, el mundo entero es nada. Por todas partes ve solamente a Dios, que da vida a todas las cosas y reina sobre todas las cosas. Para él, no hay ningún lugar en que Dios no esté, ni un instante sin Dios; siempre y en todo lugar está con Dios, él solo con Dios solo. Quien es pobre de espíritu no tiene la audacia de pretender comprender lo incomprensible, penetrar en los misterios de Dios, filosofar sobre los principios; cree en la palabra vivificante del Señor, y sabe que esta palabra es verdad, espíritu y vida eterna; cree en las enseñanzas de la Iglesia, instruida siempre por el Espíritu Santo en toda verdad; cree como cree un niño a su padre o a su madre, sin pedir pruebas, confiando por completo en ellos. Quien es pobre de espíritu se considera el último y el más pecador de todos, se juzga digno de ser pisoteado por todos los hombres.

Juan de Cronstadt, Mi vida en Cristo.

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