Vladimir Soloviev

No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada

EL SEÑOR Z – Entre todas las estrellas que iluminan el horizonte intelectual del hombre dedicado a nuestros libros sagrados, la más luminosa e inolvidable es aquella que resplandece en estas palabras evangélicas: «¿Pensáis que he venido a traer paz a la Tierra? Os digo que no, sigo división». Cristo ha venido a traer la verdad a la Tierra y esta, como también el bien, antes que nada divide.

LA SEÑORA – Esto ha de explicarse. ¿Por qué entonces Cristo es llamado príncipe de la paz y por qué ha dicho que los pacíficos serán llamados «hijos de Dios»?

EL SEÑOR Z – ¿Me permite que intente conciliar entre sí estos textos que se contradicen?

LA SEÑORA – Por supuesto.

EL SEÑOR Z – Fíjese entonces que estos textos solo pueden ser conciliados distinguiendo entre el mundo bueno o auténtico y el mundo malo o falso. Y esta distinción ya la hizo Aquel que trajo la auténtica paz y la buena hostilidad: «La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da yo os la doy». Esto significa que existe una paz buena, la paz de Cristo, fundada sobre aquella división entre bueno y malo, entre verdadero y falso que Él mismo ha traído a la Tierra; y hay otra paz, la paz del mundo, fundada por el contrario sobre la confusión, es decir, sobre la unión exterior de aquello que está interiormente en conflicto.

Vladimir Soloviev, Los tres diálogos y el relato del Anticristo.

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