San Hilario de Poitiers

«Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos» (Mt 8, 22).

Lo que nos enseña el principio de la oración dominical, que en primer lugar debemos rogar: «Padre nuestro que estás en los cielos» (Mt 6,9), se realiza en el discípulo, personificación del pueblo creyente. Se le advierte que tiene un solo Padre, que está en los cielos. Después, entre el hijo fiel y el padre infiel, no queda ningún derecho para llamarse padre. Advirtió también que no se mezclen en las memorias de los santos los muertos infieles, que igualmente están muertos los que viven apartados de Dios, que por consiguiente, los muertos sean sepultados por los muertos, porque es necesario que por la fe de Dios los vivos se adhieran a los vivos.

San Hilario, homiliae in Matthaeum, 7

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