Oraciones

«Señor Dios de los ejércitos»

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Oración inspirada por una estampa que representa a la Venerable Juana de Arco

Señor Dios de los ejércitos, que nos dijiste en el Evangelio: «No he venido a sembrar paz, sino espadas», ármame para la lucha. Ardo en deseos de combatir por tu gloria, pero te pido que fortalezcas mi valor… Así podré exclamar con el santo rey David: «Tú solo, Señor, eres mi escudo, tú adiestras mis manos para el combate…»

¡Amado mío!, sé muy bien a qué combate me tienes destinada, y que no es en los campos de batalla donde tendré que luchar…

Yo soy prisionera de tu amor, y voluntariamente he remachado la cadena que me une a ti y que me separa para siempre del mundo que tú maldijiste… Mi espada no es otra que el Amor; con ella arrojaré del reino al extranjero y te haré proclamar Rey de las almas que no quieren someterse a tu divino poder.

Es cierto, Señor, que no necesitas de un instrumento tan débil como yo; pero, como dijo Juana, tu virginal y valiente esposa: «Para que Dios dé la victoria, hay que luchar». Pues bien, Jesús mío, yo lucharé por tu amor hasta la tarde de mi vida. Ya que tú no has querido gozar de descanso en la tierra, yo quiero seguir tu ejemplo, esperando que así se realice en mí aquella promesa que salió de tus divinos labios: «El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo allí estará también mi servidor, y mi Padre lo honrará».

Estar contigo, estar en ti, ése es mi único deseo… La certeza que tú me das de que esto se realizará me hace soportar el destierro, a la espera del día radiante del cara a cara eterno…

Santa Teresa de Lisieux, Oración 17.

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