Teófanes el Recluso

El recuerdo constante de Dios

Le recuerdo un secreto para llevar una vida digna del Señor: el recuerdo constante de Dios.

Es preciso fortalecer por todos los medios este recuerdo, hasta que sea inseparable de la atención. Dios está en todas partes y siempre con nosotros, junto a nosotros y en nosotros. Pero nosotros no siempre estamos en Él, porque no nos acordamos de Él; y porque no nos acordamos de Él, nos permitimos muchas cosas que no nos permitiríamos si lo recordáramos. Esfuércese en habituarse a este recuerdo.

Aquí no se exige nada especial, solo asumir este propósito y esforzarse por recordar que el Señor está en usted, que está cerca, que la mira y la ve con tanta atención como quien le mira a los ojos.

Haga lo que haga, recuerde siempre que el Señor está cerca y la mira. Trate de acostumbrarse a esto y se acostumbrará. Y cuando se haya acostumbrado, o incluso a medida que se vaya acostumbrando poco a poco, verá qué efecto salvífico tiene en su alma. Lo único que debe tener presente es que de Dios no debe acordarse como se acuerda de cualquier otra cosa, sino que debe unir su recuerdo al temor de Dios y al sentimiento de piedad. Las personas piadosas lo son precisamente por esto.

Teófanes el Recluso
Qué es la vida espiritual y cómo perseverar en ella, Carta 42.

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