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¡Buen día vida mía!

Cuando nos despertamos a la mañana debemos decirnos: «¡Buen día vida mía!». Si nosotros no somos los primeros amantes de nuestra propia vida, ¿por qué los demás deberían amarnos?

Todos los días debes contemplar tu vida en su novedad porque la vida es dinamismo, ¡la vida es Dios que todos los días crea y recrea novedades dentro y fuera de nosotros!

No nos asombramos lo suficiente ni pensamos mucho en el hecho de que cada día hay Alguien que hace surgir la luz… no nos acordamos, y nos volvemos banales, dando por descontado que me despierto, tengo salud, pienso, amo, tengo fuerza para sonreír…

¡Dios, en cambio, permanece fiel porque le interesamos, nos quiere y a cada instante construye un futuro siempre nuevo! Para entender esto se necesita fe, ¡confianza en Otro que es mi Padre!

Y recordemos que confiar es algo intrínseco a la naturaleza humana: podemos confiar y lo necesitamos mucho. La fe está dentro de todos los hombres del mundo, aún de los que no conocen al Señor, pero que tienen dentro el capital que Dios regaló a todos sus hijos: ¡la capacidad de estar juntos, de perdonar, de amarse, de recomenzar, de vivir la alegría, la luz, la verdad!

Y aunque no creamos siempre en Él, su fidelidad está con nosotros hasta el último suspiro de nuestra vida y aún después del último suspiro, todavía nos llama por el nombre porque quiere salvarnos «¡a toda costa!».

Creer en Él significa: confío en Él y no vivo ni un día sin Él. La verdadera fe es aceptar todas las situaciones existenciales, abrazarlas con coraje y esperanza porque no dependen de nosotros y porque sabemos que Él hará todo por nosotros. Esta es nuestra vida, que siempre tiene que querer cambiar, caminar, recomenzar cada día, sin tener miedo de ser buenos, porque nuestra «casa» es vivir en paz, ¡es vivir la bondad!

Madre Elvira
http://www.comunitacenacolo.it

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