San Pío de Pietrelcina

El alma llamada a la gloria eterna

El alma llamada a la gloria eterna bien puede considerarse una piedra destinada a levantar el edificio eterno. Un albañil que quiere levantar una casa debe comenzar por pulir las piedras que han de formar parte de la composición de la casa; y todo esto lo consigue a golpes de martillo y de cincel. De la misma manera actúa el Padre del cielo en las almas elegidas, las que desde la eternidad fueron destinadas por su suma sabiduría y providencia a componer el edificio eterno.

Por tanto, el alma destinada a reinar con Jesucristo en la gloria eterna debe ser pulida a golpes de martillo y de cincel. Pero estos golpes de martillo y de cincel, de los que se sirve el artista divino para preparar las piedras, es decir, el alma elegida, ¿cuáles son? Hermana mía, estos golpes de cincel son las sombras, los temores, las tentaciones, las aflicciones de espíritu, los temblores espirituales con algún aroma de desolación y también de malestar físico.

Da gracias, pues, a la infinita piedad del Padre eterno, que así está tratando tu alma, porque está destinada a la salvación.

San Pío de Pietrelcina, Ep. II, 87, 19 de mayo de 1914, a Raffaelina Cerase

Gianluigi Pasquale. 365 días con el Padre Pío.

%d bloggers like this: