Santo Abandono

El poder de Dios está oculto en el fondo de la debilidad humana

Cuando uno reconoce su pecado, Jesús puede actuar y perdonar. Desde que Jesús sufrió nuestra debilidad y murió para resucitar, el poder de Dios está oculto en el fondo de la debilidad humana como una semilla que germinará a través de la fe y del abandono. Mientras nos opongamos de mil maneras a nuestra debilidad, el poder de Dios no podrá obrar en nosotros.

Pablo era confrontado de manera aguda con su debilidad, hasta el punto que buscaba un refugio en la oración y suplicaba al Señor que le librase de ella. Jesús no cede sin embargo. No se le suprime la tentación a Pablo, porque le es mucho más provechoso permanecer en ella para que aprenda lo que el poder de Dios es capaz de hacer en el corazón de la debilidad. Ni la fuerza de Pablo, ni su victoria personal tienen importancia, únicamente su perseverancia en la tentación, y al mismo tiempo en la gracia. La gracia no viene a injertarse en nuestra fuerza o nuestra virtud, sino sólo en nuestra debilidad. Somos fuertes cuando nuestra debilidad se nos hace evidente. Es el lugar bendito en el que la gracia de Jesús puede sorprendernos e invadirnos.

Cuando se nos da a conocer nuestra debilidad, algunos huyen. Es preciso tener cierta experiencia del amor de Dios para atreverse a permanecer en la debilidad, y reconciliarse con el pecado.

La santidad no se encuentra en el extremo opuesto de la tentación, sino en el corazón mismo de la tentación. Escapar de la debilidad sería escapar del poder de Dios que sólo actúa en ella. Tenemos que aprender a permanecer en nuestra debilidad al mismo tiempo que entregados a la misericordia de Dios. Sólo en nuestra debilidad somos vulnerables al amor de Dios y a su poder. Permanecer en la tentación y en la debilidad es el único camino para entrar en contacto con la gracia y para convertirse en milagro de la misericordia de Dios.

André Louf, A merced de su gracia.

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