Homilías y comentarios bíblicos San Francisco de Sales

«Había un hombre rico… Y un mendigo llamado Lázaro» (Lc 16,19s)

«Dijo Jesús a los fariseos: Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino… Y un mendigo llamado Lázaro, estaba echado en su portal… Sucedió que murió el mendigo… Se murió también el rico… Y estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos y vio, de lejos, a Abraham y a Lázaro en su seno…» Lc 16, 19-31

Siempre es el hombre el que falta a la gracia, la gracia jamás nos falta. ¿Quién puede estar seguro y vivir sin el miedo de perder esta gracia o de negarle su consentimiento? ¿Quién no temerá disminuirla, al no rendir a Dios el servicio que le es debido según el deber y la obligación de cada uno?

El mal rico, ¿no fue llamado a la misma vocación que Lázaro?… Sí, sin duda, eso está claro en el Evangelio; el rico era judío, ya que llama padre a Abraham. Padre Abraham, le dice, y le ruega que envíe a Lázaro; y Dios le había demostrado su amor al darle tantos bienes para disfrutarlos.

Y aunque vemos en el Evangelio que esos dos hombres han sido igualmente llamados por Dios, el que más ha recibido está más obligado a servirle y no le sirve y vive y muere desgraciadamente. En cambio el pobre Lázaro, que le ha servido con fidelidad, muere felizmente.

Cuando Dios creó a los ángeles en el cielo y los estableció en su Gracia, parecía que nunca iban a apartarse de Ella y sin embargo Lucifer se rebeló… ¿quién no temerá? y ¿qué reunión, qué vocación puede haber exenta de peligro? Ninguna. Siempre debemos estar temerosos y, por tanto, conservarnos en gran humildad.

Manteneos firmemente agarradas al árbol de vuestra profesión, cada una según su vocación; pero no dejéis de caminar en el santo temor durante toda vuestra vida, no sea que por querer avanzar con demasiada seguridad y libertad, vayáis a caer en los lazos del pecado.

San Francisco de Sales, X, 249, 252, 24-2-1622

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