San Luis María Grignion de Montfort

Aprovechen los sufrimientos pequeños más que los grandes

Aprovechen y saquen fruto de los sufrimientos pequeños más que de los grandes: el Señor no se fija tanto en lo que uno padece cuanto en la manera como sufre. Sufrir mucho, pero mal es sufrir como condenados; sufrir mucho y valerosamente, por una mala causa, es sufrir como mártires de Satanás; sufrir poco, pero por Dios, es sufrir como santos.

Si podemos escoger nuestras cruces, optemos por las pequeñas y carentes de brillo, cuando se presenten al lado de las grandes y refulgentes. El orgullo natural puede pedir, buscar y hasta escoger y abrazar cruces grandes y deslumbrantes. Pero escoger y cargar con alegría las pequeñas y sin brillo es sólo efecto de una gracia muy grande y de una especial fidelidad al Señor. Actúen, pues, como el comerciante en su mostrador. Saquen provecho de todo. No desperdicien la menor partícula de la cruz verdadera. Aunque sólo sea la picadura de un mosquito o de un alfiler, el malhumor de un vecino, un desprecio insignificante, la pérdida de algunos pesos, una pequeña turbación anímica, un ligero cansancio corporal, algún leve malestar, etc. Sí, saquen provecho de todo, como el tendero, que amontona en su mostrador peso a peso, y, en corto tiempo, se enriquecerán según Dios. A la menor contrariedad que les acontezca, digan: «¡Bendito sea Dios! ¡Gracias, Dios mío!». Y depositen en la memoria de Dios, que es como su alcancía, la cruz que acaban de ganar, sin pensar más en ella sino para decir: «¡Mil gracias, Señor!» o «¡Misericordia!»

San Luis María Grignion de Montfort, Carta a los Amigos de la Cruz, 49.

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