P. Oscar Portillo

El salto a la profundidad del mar

En los tres Evangelios llamados «sinópticos», Lucas, Mateo y Marcos, aparecen discursos llamados «parabólicos», es decir, secciones del Evangelio dónde quedan consignadas aquellas enseñanzas de Jesús que manifestó, expresó, anunció, a modo de parábolas, a modo de comparaciones, de similitudes. Sin embargo cuando uno lee los sinópticos y el Evangelio de Juan, se da cuenta de que toda la existencia del Señor es en definitiva un hablar y un decir con gestos, un hacer, un existir entre los hombres, en parábolas. Él es una gran parábola. Él es la parábola que hay que desentrañar.

Él es lenguaje parabólico, sea que lo exprese en palabras como un género literario usado por el Señor y en la tradición de su pueblo… sea que coma con los pecadores, sea que escriba sobre la tierra antes de perdonar a la adúltera, sea que se quite el manto y se ponga a lavar los pies a sus discípulos, sea que cure a los ciegos, a los leprosos, tocándolos… Haga lo que haga el Señor, diga lo que diga, su revelación es una revelación a través de parábolas… La parábola es su propia existencia… Por eso uno podría decir ante esta parábola paradigmática que es la del sembrador, que les está expresando el misterio de la parábola en el misterio de la palabra sembrada, como el pórtico de todas las parábolas.

Sin embargo la comprensión más profunda de este lenguaje parabólico, de este anuncio con parábolas, no está solamente en esta situación, en esta parábola paradigmática, sino en todo lo que ocurre antes de este capítulo trece, que lo va preparando en la pregunta que le hacen los discípulos de por qué les habla en parábolas, en la súplica que le hacen: explícanos las parábolas…

Pero aún así tampoco comprendemos la clave de las parábolas, nos quedamos con más interrogantes aún, nos quedamos con el interrogante de los discípulos de por qué nos habla con parábolas y nos quedamos con el interrogante de por qué el Señor responde: A ustedes se les ha revelado el misterio del Reino pero a ellos no, por eso les hablo en parábolas, porque oyen pero no oyen, y ven, pero no ven. Y así se cumple la profecía de Isaías. Pero más adelante, el Señor va a decir: así también se cumple lo que dice el profeta, en realidad el salmo, cuando dice: Abriré la boca por medio de parábolas y revelaré los enigmas desde antes de la creación del mundo. Revelaré el Misterio. Jesús es el que abre la boca con parábolas y dice una clave interpretativa maravillosa de este misterio de las parábolas o de la parábola que es Jesús… Abriré la boca en parábolas para revelar los enigmas, los misterios, el arcano anterior a la creación del mundo, es decir, lo que está en Dios, a Dios… El pensamiento de Dios, el proyecto de Dios, el querer de Dios, el amor de Dios, la mirada de Dios…

Este lenguaje de parábolas nos presenta a Jesús hablando, abriendo la boca para decir a través de este ejemplo concreto, que es inducir a través de un primer plano de entendimiento, lo que hay en un plano mucho más profundo. Y por eso la parábola ya comienza con el hecho de que Jesús sale de la casa y se sienta a la orilla del mar… Estar a la orilla del mar ya es una parábola, pero mucho más lo es el hecho de que cuando la multitud viene a apretujarlo, el que es cercano se sube a una barca y se aleja en el mar y desde adentro de las profundidades de las aguas, anuncia el misterio del Reino en parábolas… La gente a la orilla, y Él adentro de las profundidades del agua. Desde las honduras del mar Jesús enseña el misterio de Dios y la gente lo escucha desde la orilla… Eso es una parábola.

¿Qué es una parábola…? La invitación a pegar un salto, en una audacia por comprender lo que está detrás de las palabras, en su profundidad.

La pregunta de los discípulos: ¿por qué les hablas en parábolas…? es en definitiva una pregunta casi inútil, casi que no tiene sentido, porque hablar en parábolas no es más que hablar en un lenguaje capaz de ser comprendido. Le preguntan a Jesús ¿por qué les hablas en parábolas…? Como si él les estuviera tendiendo una trampa… como si hablara un lenguaje inextricable, un lenguaje tan misterioso que hubiera que componer como piezas de un ajedrez cuya clave la tiene uno sólo… Sin embargo, no habla más que de aquello que se ve y se escucha desde que nos levantamos hasta que nos acostamos… Cuando Jesús habla con parábolas habla y susurra lo que habla el día a día, habla de lo que vivimos los hombres de la noche a la mañana y de la mañana a la noche, habla de la levadura y de la harina para levar y hacer el pan, habla de la pesca asombrosa de los pescadores, habla de la perla encontrada por un comerciante, habla de un tesoro en un campo, habla de un sembrador, de la cizaña que crece junto al trigo… ¿es necesario explicar que cuando un sembrador siembra, parte de la semilla cae al borde del camino y vienen los pájaros a comérsela…? ¿es necesario explicar que cuando las semillas caen en suelo pedregoso no van a crecer…? ¿es necesario explicar que la semilla tiene que morir debajo de la tierra para resucitar en miles de granos…? ¿es necesario explicar la nieve…? ¿es necesario explicar la alegría de algo que se perdió y ha sido encontrado…? ¿es necesario explicar la fiesta, el gozo…? ¿es necesario explicar la necedad de una mujer que teniendo la misión de acompañar a la novia porque llega el esposo, tiene que llevar aceite en su alcuza, y sin embargo por negligencia no lo llevó y por tanto no entró a la fiesta…? Y vayamos aún más adentro: ¿es necesario explicar lo que se siente cuando se encuentra algo que se perdió, algo como una moneda preciosa que me permite comprar y por lo tanto es como el salto a la felicidad y a la dicha…? ¿es necesario explicar la alegría de un pastor que encontró una oveja que se le fue por las colinas y después de mucho buscarla, gozoso la trae en sus hombros porque recuperó lo que se le había perdido…? ¿es necesario explicar lo que puede ser para un padre cuyo hijo lo abandonó, verlo volver después de mucho tiempo otra vez al hogar…? ¿Es necesario explicarlo…?

¿Por qué les hablas en parábolas…? ¿Es necesario que yo les explique a ustedes por qué les hablo en parábolas…? No es necesario que se los explique… Les hablo en parábolas porque el Reino ha llegado y está en medio de mí, viniendo de mí, y oyendo no oyen… porque el mismo Dios ha bajado a la tierra para hablarle al hombre, conversar con el hombre, y el hombre es incapaz de entender a Dios que les está hablando… El Misterio está en la orilla del hombre y el hombre se acerca y no lo recibe… Por eso tengo que hablarles en el primer lenguaje, el lenguaje de la primera revelación, la revelación de la vida humana, la revelación de las criaturas, la revelación de todo el misterio escondido donde Dios ya desde antiguo, desde el primer instante, le habló al hombre, le manifestó su amor, le manifestó su Reino, su predilección, el destino de su existencia… ¿Qué estaba diciéndole Dios al hombre…? ¿Qué sientes tú cuando al sembrar, por el crecer de las espinas, queda ahogado, y tu esperanza ha sido ahogada por las espinas del desierto o por lo pedregoso del terreno…qué sientes tú…? ¿No sentirá Dios eso…?

Como cuando para que crezca una flor otra flor debe morir… Para que se siembre una semilla, una flor debe marchitarse… Para que existan flores en el mundo, muchas otras flores deben dejar paso a la existencia, justamente por desaflicción de su propia existencia… ¿no sabes mirar la vida…? ¿no encuentras el hablar de Dios, el susurro de Dios de noche en noche, el canto luminoso de Dios de día en día, en las cosas que haces, cuando comercias, compras y vendes, cuando pierdes y encuentras… cuando haces fiesta con tus amigos… no sabes descubrir el lenguaje de Dios…? Por eso Dios vuelve a hablar en el primer lenguaje a ver si zamarréandonos nos hace comprender, haciéndonos dar el salto desde la orilla a ese otro lenguaje que está en las profundidades del mar…

La verdadera clave de la comprensión de las parábolas está en la última hora. Sí. Es en la última hora donde se revela el secreto de las parábolas. Porque si ustedes se fijan atentamente, cuando Jesús dice: la semilla tal cosa, el sembrador tal otra, el terreno aquel es esto o lo otro… no está explicando la profundidad de la parábola, está explicando elementos de la vida cotidiana que tienen que ver con elementos de una vida que está en otro plano…

El Reino de los Cielos está en lo que ellos veían a las espaldas de Jesús. Cuando Jesús sentado en la barca les explicaba el misterio del Reino, ellos tenían detrás un horizonte que parecía infinito, inalcanzable… Visto desde la orilla del mar, el horizonte marino y una barca que se va alejando y parece unirse a una línea nunca alcanzable… Así es Dios…

Hace que uno recuerde la última de las apariciones de Jesús en el Evangelio de Juan, a orillas del lago… ¿Quién es…? ¿Es el Señor…? Es pero no es… Hay que arrojarse al agua y llegar hasta allí. Intuir, creer, ver sin ver, oír más allá de lo que se oye… ver más allá de lo que se contempla… En la última hora Jesús dice palabras muy parecidas a las que siguen cuando termina el ciclo de sermones de las parábolas…

Todo lo decía en parábolas, por lo tanto, nos provoca a entender, nos desafía a una audacia… El cristianismo es de audaces, provocados por Dios a pegar el salto a algo que está más allá de lo que escuchamos y más allá de lo que vemos… Y sólo quién se zambulle por esta audacia en ese más adentro de las cosas, comprende el misterio del Reino de los Cielos… Y más… y más… y más…

Cuando Jesús se está por ir dice: “Hasta ahora les he hablado en parábolas, pero llega la hora en que ya no hablaré más en parábolas”… ¡Al fin hablas claro… al fin hablas con audacia, al fin vas a animarte a revelarnos el Misterio…! No entendimos nada parece… ¿Qué está diciendo el Señor…? Ahora ya hablaré claro, ahora no hablaré más en comparaciones, en símiles… ahora verán a Dios… ahora verán la semilla que se hunde, se pudre, muere y resucita, ahora verán la levadura hundirse en la masa y fermentar, ahora verán al Padre encontrando a su Hijo perdido y abrazándolo, ahora verán la Fiesta, ahora verán las nupcias de la Mujer y las vírgenes que acompañan a la Novia, ahora verán la Voz del Esposo, ahora verán el Tesoro encontrado, ahora verán el que comercia y encuentra una perla de mayor valor… Ahora verán el misterio en la Cruz y en la Resurrección, ya no habrá parábolas, no han entendido nada…

La audacia del cristianismo es pegar el salto de la orilla a la profundidad de este Océano que es lo que nos muestra el misterio del Reino, justamente en el amor sin medida… El Reino de Dios no se puede encerrar en palabras… El Reino de Dios es la Palabra. La Palabra que hay que saber desentrañar…

Homilía del P. Oscar Portillo
Domingo 16 de julio del 2017

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